60 Segundos: HOMENAJE AL MAESTRO ELFEGO SANCHEZ GRANILLO


alumnosHOMENAJE AL MAESTRO
ELFEGO SANCHEZ GRANILLO

por Raúl Gonzalez Rivera

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Antes que político, Elfego Sánchez Granillo era un gran maestro.
Corrían los años de 61, 62 y 63 cuando el personaje, originario de Huayacocotla, estuviera a cargo de la dirección de la escuela secundaria vespertina “Veracruz”, allí en la calle de Insurgentes de esta ciudad, y con éste se escenificara uno de los tramos en el marco de la educación que más éxito obtuviera dicho centro escolar.
Era el tiempo de los maestros exigentes, ajenos a la grilla, pese a que dicho personaje ya había sido funcionario del ayuntamiento de Xalapa, diputado y líder municipal del PRI. Joven aún, se retiró para reconcentrarse en la vida académica con que había arrancado su vida profesional.
Ágil de palabra, claro en la exposición, reflexivo, pero contundente en el quehacer de formar a los estudiantes de la secundaria, siempre luciendo de traje y corbata, Elfego conminaba a sus alumnos a que eligieran para su porvenir la “profesión más exitosa”. Ya en esos años advertía que había muchos abogados y médicos e ingenieros.
El duro maestro de historia universal y geografía humana, sentenciaba: “jóvenes –después de hacer un sondeo sobre el curso que habrían de seguir al egresar de las aulas de la secundaria, una de tres que sólo había en Xalapa– lo mejor que pueden hacer es estudiar el seminario, volverse curas, esa carrera les va a permitir vivir bien, comer bien y ganar dinero y, sobre todo, la gente los va a querer más que si fueran abogados”.
Una sonora carcajada a coro se escuchaba del grupo de adolescentes que escuchaban al maestro Elfego Sánchez Granillo, quien gustaba de narrar muchas de las cuitas de que se había acompañado por la vida, desde que saliera de su natal pueblo de Huayacocotla. Comenzaría ejerciendo la cátedra en la escuela rural. Luego vendría a Xalapa, donde cursaría hasta estudios profesionales en pedagogía.
Entonces sólo había tres secundarias, la “Antonio María de Rivera”, el Instituto Clavijero y la vespertina “Veracruz”. Al maestro Elfego Sánchez le permitieron formar la plantilla de profesores –todos de grandes calibres en el conocimiento de la pedagogía y el arte de hablar–. Su leal secretario, Ausencio M. Reyes, coincidía en que la escuela pasaba por su mejor trance con Elfego en la dirección.
A veces agrio en su carácter, pero optimista, el maestro Sánchez Granillo gustaba de sentarse a la mesa de la sala contigua a la dirección del plantel y reunirse con sus docentes, para ver por las mejoras de la escuela. Catedráticos de cepa como Enrique Lobato, Josué Mario Montero, Abel Escobar Ladrón de Guevara, las químicas Cecilia y Lucila Sánchez, Federico Olvera González, Constantina González y la respetada maestra Dorita Sánchez, pesaban en el ámbito de lo educativo, de vocación entregados a la impartición de la cátedra, celosos guardianes de sus salones de clases, todos ellos dirigidos por el exigente profesor Sánchez Granillo.
El plantel entonces cerraba sus puertas, nadie podía entrar y salir de su edificio en horario que no fuera el contemplado por la rigurosidad de la jornada de trabajo. No había sindicato de trabajadores que se impusiera, la cátedra era una ampliación de la vocación cultural e intelectual de sus profesores. Y los estudiantes, por supuesto, no en las cantidades de ahora, dedicaban sus horas a estudiar y hacer deporte. Esta es la realidad. Enhorabuena, por el homenaje rendido a Elfego Sánchez, en el 20 aniversario de su fallecimiento. En paz descanse.

* CRUZ ROJA, PERO DEBE
AUTORIZARLA EL C4

Anteayer en la tarde, una familia vivió dos horas de terror, porque una de sus miembros sufrió una baja de presión –según dirían– hasta quedar prácticamente inerme, urgida de atención hospitalaria, pues le sobrevino el vómito, los escalofríos y prácticamente quedaba en la somnolencia, sin atinar quién era, qué hacía allí.
Los cuatro elementos de la policía privada que cubrían su jornada de vigilantes en la Plaza Ánimas, quedaron de una pieza, sin saber qué hacer. Alguien les dijo que llamaran a la Cruz Roja o Ámbar, o la que fuera. Conductores particulares no se atrevían a transportar a la señora en sus automóviles por aquello de que entrarían en una grave corresponsabilidad por el sólo hecho de prestar una ayuda.
La señora sentada en el asiento delantero de su camioneta, sin habla, la mirada extraviada y más vómito, no acertaba a decir algo. Una de sus amigas y después su hermana, cruzando miradas de angustia y los policías de la plaza esperando que llegara la ambulancia de la Cruz Roja o la que pide limosnas en cada esquina de la ciudad.
Trascendieron los minutos y las dos horas, la señora fue inyectada por su amiga, médico cirujano por cierto, algún medicamento que la reanimara y así fue, pero alguien informó que no llegaría ninguna ambulancia porque en el C4 no había el personal que la autorizara. ¿Cómo?, se preguntaron curiosos y testigos del suceso. Cierto, dijo un policía, para que una ambulancia salga de su base y traslade a un solicitante de sus servicios a alguna de las instituciones hospitalarias tiene primero que conseguir la autorización del C4, pero ayer a las 19 horas no había nadie que se encargara de una toma de decisión semejante, y pasaron dos horas y nunca obtuvieron la respuesta esperada.
En las oficinas de la Cruz Roja informaron que nada podían hacer, porque efectivamente tiene que ser el C4 quien autorice su salida para atender cualquiera de sus servicios. Y el resto de las ambulancias que hacen servicios semejantes, nones, no aparecieron por ningún lado. Quizá estén pidiendo limosna en alguna parte, dijo alguien, pero a estas horas, entre socarronas burletas porque de todos es sabido que con limosnas es prácticamente imposible que puedan realizar una faena de ese tamaño, no importa que al final del día, el presunto enfermo pueda sufrir peores consecuencias en su estado de salud.
Ahora se entiende por qué la Cruz Roja hace tiempo que dejó de ser puntual a los llamados de auxilio que le hace la ciudadanía, amén de carecer de medicamentos, materiales de curaciones y de personal médico suficiente y auxiliares capacitados para llevar a cabo actividades que pudieran ser superiores en la atención y salvación de la propia vida, como puede ocurrir de las personas.

* 35% EN MÉXICO MUERE
POR DIABETES EN EL PAÍS

El doctor José Narro Robles, secretario de salud pública a nivel nacional, prevé con marcado terror que pronto no alcance ningún dinero, tampoco hospital y clínica médica, para atender a los pacientes de diabetes. Es la enfermedad del siglo y cobra la vida de cuando menos el 35 por ciento de la población nacional.
Hay los enfermos que por herencia caen en las redes de la diabetes como los niños, jóvenes y adultos que irremediablemente tienen que asumir que consumen una dieta conformada de productos chatarra y los puede poner al borde inclusive de la muerte.
La vida agitada por las emociones, el desempleo, la violencia, la inseguridad y los productos chatarra pueden llevar a cualquiera a tener que enfrentar entre otros males la diabetes, primera en el orden que provoca en este momento el mayor número de víctimas mortales.
Empero, dice el ex rector de la UNAM, el doctor Narro Robles, que en el temprano lapso no habrá el dinero suficiente para atender a los pacientes de diabetes, debido a que sus tratamientos son altamente costosos.
Una existencia a base de una dieta mal integrada, que se asimila en la calle, condena muchas veces a la persona a tener que padecer la diabetes
Pero aquí surgen las graves contradicciones, pues vea usted que a las puertas de las escuelas hay centenares de tendajones y vendimia callejera, que se conforma de productos chatarra, como son las papas fritas, las palomitas, los gansitos y los refrescos de cola embotellados, que seguramente ya están condenando a quienes son sus consumidores a una vida de padecimientos, entre los que destaca necesariamente la diabetes.
Conforme al porcentaje que señala Narro Robles, del 35 por ciento de enfermos de diabetes, quiere decir que hay cuando menos 30 millones de mexicanos, de todas las edades y ambos sexos, enfrentando las consecuencias de haber tenido una pésima dieta a base de azúcares y alimentos que no lo son, pero que nada dice el sector acerca de los expendios callejeros y su control sanitario, porque el día que pretendan echarles el guante, simplemente para los funcionarios responsables de la salud pública en México, acabaría igualmente el negocio.
Nomás imagine usted, que en una acción relámpago las instituciones de la salud pública cerraran puertas a los puestos que venden productos chatarra callejeros y los que no lo son, igual las ciudades de este país, además de quedar limpias, procurarían un ámbito de sanidad e higiene, que no pueden seguir demandando las autoridades del sector salud, si no arrancan este mal de raíz, porque con el discurso se comen al planeta, pero ver por los verdaderos agentes de la contaminación alimentaria, ninguna autoridad sanitaria lo hizo ni lo hará tampoco. Al tiempo.

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