Barandal: El ascenso de un gobernador


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por Luis Velázquez

•La caída de Javier Duarte
•Hasta dinero “lavaron”

 

 

PASAMANOS: En los campos de golf en Xalapa y Veracruz que frecuentaba no lo han visto en los últimos días.

Tampoco ha ido a comer tortas de “La rielera”, en Córdoba, que tanto le gustan, a tal grado que, por ejemplo, solía enviar el helicóptero a su pueblo adoptivo sólo para comprarlas y llevarlas a la ciudad donde estuviera.

Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (Desde el puerto de Veracruz)

En la casa de Franky García, su amigo y socio, a orilla del río Papaloapan, en Tlacotalpan, lo siguen esperando, pues la última vez los dejó plantados, con la mesa servida.
En su departamento de lujo en la “Torre Pelícano”, el conserje dice que desde hace ratito por ningún lado se ha aparecido.
Sus seis perros, que son su mascota, ladran en la madrugada imaginando que escuchan sus carcajadas en las noches de convivencia con los amigazos de la adolescencia (casi siempre Franky García, Moy Mansur y Jaime Porres).
En su casita en la calle Salmón, en el fraccionamiento “Costo de Oro” de Boca del Río, se han dejado de ver las camionetas blindadas con varias escoltas a la defensiva y contraofensiva.
Desde hace rato ha dejado de ir al restaurante de mariscos, “Villa Rica”, donde solía tener sus atracones, como aquella ocasión cuando a su lado tuvo a Carlos Romero Deschamps, líder nacional de los petroleros, a quien en la euforia etílica le asestó un besito en el cachete gordiflón delante del gabinete legal en pleno.
En el “Barezzito” jarocho, el ron y el tequila siguen enfriándose en la copa que tenía para su uso exclusivo.
El arzobispo de Xalapa, Hipólito Reyes Larios, se ha quedado con las hostias consagradas que solía comer como postre con vinito rojo.
Su residencia en el “Desierto de los Leones” está solitaria.
En ninguna de sus 14 residencias que de manera extraoficial le han sido adjudicadas lo han ubicado.
Ante los ojos de todos desapareció, no obstante que a tiempo líderes partidistas pidieron una vigilancia escrupulosa.
Se llama Javier Duarte. Tiene 43 años de edad. Y de gobernador constitucional pasó a góber tuitero y luego al góber de los Frutsis y al góber de “las manzanas podridas” y después a góber con licencia y ahora a góber prófugo, pues la Procuraduría General de Justicia, PGR, lo busca por enriquecimiento inexplicable, peculado, incumplimiento del deber, delincuencia organizada, recursos de procedencia ilícita y lavado de dinero, igual que a su amigo y socio, Moisés Mansur, el rejoneador de México.
Además, de que el SAT, Sistema de Tributación Administrativa, lo tiene en la mira por el mismo delito que descarrilara a Al Capone, el gran jefe mafioso de Estados Unidos, como es la evasión fiscal.

BALAUSTRADAS: Todo mundo, empezado por la PGR, lo considera un prófugo de la justicia.
Y lo peor que puede suceder a un político: el CEN del PAN ha pedido que la PGR ofrezca millonaria recompensa a quien aporte datos para ubicar su paradero.
Peor aún: en la PGR sopesan pedir ayuda a la Interpol para buscarlo en 190 países.
La procuradora de Justicia, Arely Gómez, ha solicitado su desafuero inmediato, lo más pronto posible, al Congreso de la Unión.
El sicólogo dice que a estas alturas, su mirada de por sí colérica, bipolar, incendiada y encendida, con la que hasta un fósforo puede prenderse, habría cambiado a la mirada del hombre que anda huyendo de la justicia, temeroso de que lo apañen una madrugada mientras duerme, de igual manera como sorprendiera a Plutarco Elías Calles cuando Lázaro Cárdenas ordenó su exilio a Los Ángeles.
Es decir, en las sombras de la noche como se persigue al peor delincuente del mundo.
En el ejercicio del poder fue “de todo y sin medida” como canta José José, cuyas canciones le solía interpretar, tocando la guitarra, el ex diputado federal, Fernando Charleston junior, aquel que le tirara la secretaría de Finanzas y Planeación, harto de sus mentiras y falsedad, como fuera el caso con el Auditor Superior de la Federación.
Huérfano a los once años de edad cuando perdiera a su padre en el temblor del 68 en la Ciudad de México, el adolescente que vendía pan elaborado en el horno de su señora madre en la ruta Omealca a Tezonapa, nuevo político rico, en el periódico “El País” lo describen como un cadáver.
Un cadáver político…, del que la mayoría de sus colaboradores, priistas varios de ellos, reniegan ahora.
Y lo angustiante, muchos de los suyos han tocado la puerta del sucesor para ver si libran la aplicación de la ley y la justicia.

ESCALERAS: Otros exgobernadores están en la mira de la PGR. Pero de todos, Javier Duarte está considerado el peor ejemplo de corrupción política.
El joven imberbe de 30 años de edad que recortaba periódicos para Fidel Herrera y que 13 años después ya era ex gobernador anda “a salto de mata”.
Muchos pecados mortales cometió sentado en la silla embrujada de palacio, y embrujada porque suele enloquecer a muchos y que el hermano de Emiliano Zapata, Eufemio, confundió con una silla de montar caballos briosos y broncos.
Nada le importó. Ni el escándalo de la deuda pública ni los desvíos millonarios ni los derechos humanos ni las matanzas de civiles ni pitorrearse de la población ni vejar a padres de familia por sus hijos desaparecidos, ni tampoco, vaya, la derrota del PRI el 5 de agosto.
Vivarachos y frívolos, sin consistencia ideológica ni estructura moral (“La moral es un árbol que da moras” decía el cacique potosino Gonzalo N. Santos), los duartistas quedaron atrapados y sin salida en la delincuencia organizada y según la PGR hasta “lavaron” dinero, al mejor estilo de los capos del mundo.
Javier Duarte, el peor ejemplo del México corrupto.
Algunos de los suyos, expulsados del paraíso en el transcurso del viaje sexenal, han sacado el sillón tlacotalpeño a la banqueta de sus casas para mirar pasar su cadáver político caminando al panteón penitenciario.
Otros, en cambio, patalean para salvar el pellejo.
El góber que en el ejercicio del poder se creyó sensual, porque el poder público, decía, enloquece a las mujeres.
El fin del imperio y el emporio que soñó perpetuarse en el poder con el Maximato fidelista, tipo Plutarco Elías Calles.
Todos los ejércitos se desmoronan desde adentro.
Y fue el caso.
Las figuras míticas del duartismo (Érick Lagos, Jorge Carvallo, Édgar Spinoso, Adolfo Mota, Tarek Abdalá, Vicente Benítez, Juan Manuel del Castillo, Gabriel Deantes, etcétera) han puesto sus barbas a remojar y sabrán los santeros los estragos del nortazo de Los Pinos.
Con todo, falta saber si el cortocircuito llegará al eterno líder y gurú del grupo en desgracia que, agazapado, se mueve en las sombras y opera desde el consulado en Barcelona.
“El papá de los pollitos”.
Y mientras “los pollitos” se atragantan con el dinero mal habido, el góber fogoso permanece tranquilo en la última butaca de la galería mirando la película de terror jarocho, esperando el desenlace.
Sus “Niños fieles” que luego él mismo derivaría en “Niños infieles” se embarraron con sordidez, cinismo y frivolidad, creyendo que eran intocables, impolutos que se declaraban.
El fogoso nunca dejó huella. En casa lavó la ropa sucia.
Una elite priista que nunca dejó de sorprender por su alta corrupción y un cinismo peor.

Publicado en: http://www.blog.expediente.mx/nota/22051/portales-de-noticias-de-veracruz/el-ascenso-de-un-gobernador

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