Siete Párrafos: Aunque se disculpe, Héctor Yunes Landa tiene razon al afirmar que los militantes priistas hasta por una vaca dormida votan


por Rodolfo Calderón Vivar

Rodolfo Calderón Vivar
por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Para unos fue sorprendente, y falto de respeto porque son priistas votavacas o vacas aludidas, la expresión de Héctor Yunes Landa, al afirmar que en el PRI veracruzano, si les ponen una vaca como candidato, por ella votan. En sentido figurado alude a una de las costumbres priistas más recurrentes en los últimos años, en un partido que a los 87 años no se le ve otros criterios mas relevantes para aceptar candidaturas, que someterse al poderoso en turno de gobierno bajo tres reglas fundamentales partidarias: la simulación, el  silencio cómplice y el sometimiento.

Dijo Héctor,  textualmente, en el noticiero de Ciro Gómez Leyva, respecto a la actitud de la militancia priista, que “si les pones una vaca dormida votan por ella”. ¿Quiénes pudieron sentirse aludidos? Pues los que actúan así, como vacas dormidas, y siguen actuando de esa manera, son todos los priistas que resultaron beneficiados por dos sexenios lamentables para el estado de Veracruz. Son  y han sido vacas dormidas,  elegidas por una militancia priista, a mano alzada, primero para que fueran candidatos y después para que ganaran sus respectivos puestos en las elecciones.

Son vacas dormidas casi todos sus dirigentes partidistas, sobretodo el último que hoy comanda el Comité Directivo Estatal, puesto ahí de manera fraudulenta pues  su designación fue  contraria a sus propios estatutos de partido, lo cual constituye un fraude a la ley, y que llegó ahí por dedazo, y por sometimiento aprobado por sus militantes, que hace mucho tiempo así reaccionan ante la imposición de sus cuadros directivos. Desde la época de Carlos Sansores Pérez, cuando quiso instituir la democracia transparente, allá en la séptima década del siglo veinte, la democracia y libertad para elegir a sus directivos y candidatos brilla por su ausencia. No eligen con libertad democrática alguna, solo alzan la mano a voto directo, para aceptar las imposiciones del gobernador en turno. Sobra decir que Amadeo Flores Espinoza fue palomeado por el ex gobernador, Javier Duarte, y cual vaca dormida ahi la lleva, rumiando en su puesto, hasta que un dedo mayor lo quite.

Son vacas dormidas la mayoría de los diputados elegidos para esta legislatura que está por salir y que aprobó muchos dislates, e imposiciones, del ex gobernador Javier Duarte. Por ellos votó esa militancia obediente, rumiante y agachada que no elige a lo mejor de los suyos, sino espera que el poder en turno les mande a quienes deben apoyar para las candidaturas, como si fueran hindúes obligados a respetar a las vacas sagradas. . ¿Acaso no se le pasaron durmiendo gran parte de su gestión, esos diputados priistas,  para no oir, ni escuchar, ni ver, como se conducía de manera desastrosa  el ex mandatario veracruzano? Solo despertaban, y eso porque los llamaba el cencerro de palacio, para defenderlo, para atacar a quienes lo criticaban y para aprobar leyes que después le rebotaba la Suprema Corte de Justicia de la Nación, porque estaban mal hechas.

¿No son vacas dormidas todas esas féminas que de la noche a la mañana, con base a sus atributos físicos se convirtieron en funcionarias y candidatas del PRI en diversas áreas de gobierno y de elección popular? Iniciaron carreras políticas sin más méritos que ser agradables al Señor del Palacio. De la noche a la mañana se borraron trabajos partidistas, méritos en la brega desde la base, trayectoria de años de muchos militantes que vieron apoltronarse a esa nueva clase política, todos jóvenes y bellos, que disfrut de poder, abusos, placeres y fama pública, sin conocer del PRI más que era un partido cuyo símbolo era una ruedita tricolor.

¿No están actuando como vacas dormidas la mayoría de diputados priistas  que están por salir y los diputados de ese partido que está por entrar a la legislatura  local, ante los hechos lamentables de la corrupción del gobierno duartista, que incluye a varios miembros de su gabinete, dados a conocer en estos días? Brillan por su ausencia críticas bien sustentadas por dichos sucesos. Todavía hace unos días hasta había bloques de vacas priistas de representación popular dispuestos a defender a Duarte, a capa y espada. No se diga en la diputación federal donde las vacas priistas que son diputados hasta amenazaron con renunciar al PRI si se defestraba al jefe de la delincuencia organizada de la política veracruzana más notable, en los últimos cien años de gobiernos en Veracruz.

Si, tiene visos de ser cierta esa alegoría del senador, Héctor Yunes Landa, que  apunta una autocrítica severa al modo de ser de una militancia dispuesta a agachar la cabeza, cuando desde el máximo poder de gobierno, se les obliga a ser partícipes de la simulación, el silencio cómplice y el sometimiento,  aceptando, a mano alzada, a cuanta vaca dormida les pongan enfrente por dedazo. Lástima que pida disculpas el senador Héctor Yunes Landa, me imagino que lo hace porque las vacas dormidas se ofendieron, porque no creo que le importe eso a la  militancia, a esa militancia real que se parte el lomo y se muere en la raya para que su partido salga avante en cada elección, pues le queda claro que, aunque duela, el político choleño dijo la verdad. Hace tiempo que no suben, a las candidaturas de representación popular,  políticos que vienen de la brega partidaria, desde la base. Hace tiempo que las vacas dormidas les son impuestas, desde la cúpula del poder, para favorecer a familiares, amigos, compadres, amantes y efebos, salvo honrosas y escasas excepciones, para que los apoyen como los candidatos tricolores  a puestos de elección popular en las ´contiendas municipales, estatales y federales. Y votan por esas vacas dormidas, como les llamó Héctor Yunes, porque no tienen de otra, más que sonar lo más fuerte posible las matracas, mientras otros tocan el cencerro, para usufructuar el partido, como un membrete para satisfacer sus ambiciones personales y las de sus amigos, como lo hizo Javier Duarte, impunemente.

 

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