Expediente 2016:El político atormentado


antonio-gomez-pelegrinPor Luis Velázquez

Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana
Por Luis Velázquez Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana (Desde el puerto de Veracruz)

Su rostro es la expresión de un hombre atormentado. Por dentro, vivirá un infierno. Un huracán desbordado en el interior. Y por fuera, en las arrugas de la cara, y en la mirada sin fulgor, pareciera un Cristo cargando la cruz camino al Gólgota. Un Cristo, digamos, de la política.
En los últimos días, los días turbulentos de los alcaldes del PAN y PRD, atrincherados en el palacio, las noches con un Javier Duarte prófugo de la justicia desde hace 23 días y 23 noches, Antonio Gómez Pelegrín, el sexto secretario de Finanzas y Planeación (SEFIPLAN), sólo inspira ternura. Compasión.
“Yo se lo advertí a Duarte. Pero no hacía caso. Y (aun así), obedecí sus órdenes” dijo.
En el primer día de la mesa de negociación con los alcaldes están en la oficina de palacio. Ha de ser la medianoche. Al fondo de la mesa, los ediles platicando. La mesa, atiborrada de platillos consumidos. En el otro extremo, Pelegrín, solito. Sentado y recargada la espalda en el respaldo de la mesa. La cabeza, inclinada sobre la pared. Los lentes, en la frente.
El retrato del político, del técnico, en desgracia. Acorralado, y sin salida. Pillado. Vapuleado por la mitad de la población y por la otra. Todo mundo, cobrándole la deuda. Un día, por ejemplo, expulsaron a patadas en la puerta del edificio de la SEFIPLAN a un montón de constructores que tocaron puertas para cobrar. Ahora, el hombre rendido.
“Estoy enfermo de la mente” dijo, grito, exclamó Joaquín “El chapo” Guzmán. Pero Pelegrín estará enfermo de la mente, del corazón, del alma, del hígado.
En nombre, digamos, de la lealtad a Duarte, jefe máximo de la Revolución Priista hecha Gobierno en Veracruz, Pelegrín fue leal.
Pero la lealtad, dice el abuelo del pueblo, es una autopista. Va y viene. Te doy y me das. Pelegrín… sólo dio. Se entregó sin reserva como el niño adorando al héroe. Como el feligrés de la capilla a su dios.

EL HOMBRE ATRIBULADO

Pudo renunciar a tiempo. A tiempo, por ejemplo, cuando como él mismo dice, advirtió a Duarte que las cosas iban mal. Pero él decidió cargar la cruz. Quizá soñaba con la notaría pública fast track para su retiro. Ahora, caído Duarte en desgracia, arrastró a Pelegrín.
De por sí su mirada es la del hombre atribulado. Como si arrastrara los más graves conflictos mundiales en la espalda. Nadie pensaría en “El hombre sin atributos” de Robert Musil. Tampoco en “El hombre mediocre” de José Ingenieros. Ni en Sancho Panza, el hombre de “los molinos de viento”. “El hombre del resentimiento social”, Adolfo Hitler.
“Estoy frustrado y arrepentido”, dijo, antes de que un ex diputado federal, panista, le dijera que merecía diez años de cárcel por haber permitido que Duarte desviara el recurso federal, así fuera dinero etiquetado para los alcaldes, por ejemplo.
“Es la triste realidad”, reviró, luego de precisar su realidad: “Estoy limpio. Nunca tomé un centavo”, aun cuando, el mundo lo sabe, hay pecados de omisión. Y es que el silencio también es cómplice. Incluso, el silencio es un lenguaje más indicativo que el hablado.
Los personajes literarios de John Dos Pasos, como los de Juan Rulfo, son hombres derrotados. Trasterrados, huyendo de sí mismo. Ellos mismos, exiliados de la vida. Los personajes de Ernest Hemingway siempre luchan, se agarran a puñetazos con la vida. Pelegrín sería un personaje de Pasos y de Rulfo.
“Yo no me estoy excluyendo de una presunta responsabilidad que pudiera tener”, dijo a los alcaldes del PAN y PRD, el miércoles 2 de noviembre, día de muertos. “Tengo que asumirla. Tengo que aceptarla”.
Y la asumió, por lo que se ve. Se le nota en los ojos apagados, sin resplandor. Hemingway cuenta en “El viejo y el mar”, que todo en aquel pescador era viejo. Las arrugas de la cara. La calvicie. El poco pelo que le quedaba blanco. Los huesos salidos. Menos sus ojos. Los ojos de un ser vivo. Los ojos de Pelegrín parecen de un muerto. Muerto en vida decía la madre atribulada, harta de cargar la cruz, sin escuchar el cántico de las sirenas camino a su Itaca.

EL HOMBRE SIN SENTIDO

Uno lo mira caminar en la calle, en plaza comercial, y el sexto titular de la SEFIPLAN camina como el hombre sin rumbo. Absorto. Ido. Como si hablara con un ser extraterrestre.
Sus hábitos personales, su ademaneo, la forma de juntar las manos y entrecerrar y cerrar y cerrar los ojos hasta volverse diminutos, la cara recargada en las manos como si estuviera en un velorio ante el cadáver de una persona amada, develan a un hombre sin sentido ni razón de ser en la vida, dispuesto, incluso, a la locura suicida.
“Él fue (Duarte) secretario de Finanzas y sabía bien que se hacían muchas cosas fuera de la ley”.
Pelegrín, digamos, tira la piedra y muestra la mano. Pero desde hace un rato ha dejado de sonreír. Su alma vive afiebrada. Digamos, en la depresión. Inciertas las horas del amanecer, temeroso de que la guillotina de la PGR le caiga encima a petición de la Auditoría Superior de la Federación.
Más aún: el tormento en los ojos y las arrugas en la piel blanca recuerdan los días adversos, los días finales de John Paul Sastre enfermo del esfínter, la enfermedad que lo llevara a la tumba.
Vio, dice, pasar muchas cosas “sin darse cuenta”. Sabía que la ley lo obligaba y aplicó el principio francés de “dejar hacer y dejar pasar”. Hoy, inverosímil pueda “tronarse los dedos”. “Esto, dijo, es algo muy muy muy serio”.
Pero mientras, Duarte le pudrió la vida.
Víctor Frankl (“El hombre en busca de un sentido”) dice que el hombre solo se conoce en la adversidad, pues en los días buenos, en las vacas gordas, fluye otra parte del alma escondida, la que ahora Pelegrín estará registrando.
El sexto titular de SEFIPLAN, un alma en pena. Olvidó la filosofía de vida de su maestro Juan Maldonado Pereda. “No es el puesto el que hace al hombre, sino el hombre al puesto”.
Pifió.
Mejor dicho, se confió. Creyó que Javier Duarte era el mesías que los pueblos buscan en la hora desesperada.
Y en vez de renunciar, lo mínimo, se volvió su cómplice.

ENTÉRESE RÁPIDO

22 días Javier Duarte prófugo de la justicia. ¿Lo atraparán?
Nueve días alcaldes del PAN y PRD atrincherados en palacio de Xalapa.
1923: el general Guadalupe Sánchez sitió palacio de Xalapa. 2016: ediles del PAN-PRD.
Javier Duarte de huida… sólo está pagando parte de lo que hizo.
¿Qué ha pasado con orden de captura en contra de Bermúdez y Deantes?
¡Vaya desempleo en puerta para duartistas! Pararán en Barcelona.
PRI jarocho sólo saldrá adelante con presidente apoyado a morir por CEN.
Pidió AMLO investigar a Yunes Linares. Su palabra cayó al vacío.
Duda. ¿Tendrá ya lista Yunes “información que cimbrará a México”?
59 denuncias acumula Javier Duarte de la Auditoría Sup. Fed. en PGR.
Desaparecidos 51 agentes federales. Investiga Policía Federal en Veracruz.
Lula, a juicio por sobornos con Odebrecht en Angola. Odebrechet con Sistema de Agua y Saneamiento en Veracruz.
Duarte, Borge y Padrés, “válvulas de escapes ante indignación nacional”: Aristegui.
Nada se sabe de denuncia de alcaldes del PAN en PGR contra Duarte. Miles de denuncias pendientes.
Marcelo Odebrech cumple condena de 19 años en Brasil por corrupción. Ojo, Sistema de Agua y Saneamiento en Veracruz.
Está canijo decir que corrupción de Javier Duarte es peor que la de Humberto Moreira.
Layín, alcalde de San Blas, tira billetes de 20 pesos a la gente en sus fiestecitas.
Para bien o para mal, destino social de Veracruz, en manos de Yunes Linares.
Desde 2013, Franky García debe aguinaldos a 400 obreros del ingenio San Francisco.

Publicado en: http://www.blog.expediente.mx/nota/22354/portales-de-noticias-de-veracruz/el-politico-atormentado

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