Desde el rincón: No hay a quién irle


por Celia Rosado Romero

por Celia Rosado, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicacion de la Universidad Veracruzana

Preguntarse qué nos espera en las próximas elecciones, es mirar con incierto el futuro del estado, ante un panorama de crisis moral en los partidos políticos aspirantes a ocupar las 212 alcaldías con personajes obscuros y reciclados de todos los organismos.
Diría el argot popular “no hay a quién irle”.
Día tras días, las noticias sobre los aspirantes, tanto para presidentes municipales como para sus acompañantes en la comuna, nos dejan un amargo sabor de boca.
Candidatos lóbregos con historial funesto o candidatos desconocidos, inexpertos y sin el menor asomo de conocer siquiera cómo manejar la administración pública.
Reitero la caballada está flaca.
Pensemos, en las posibles alternativas.
Los panistas atrapados en sus intereses personales, luchando por ser los ocupantes de los municipios, donde las arcas son las de mayor presupuesto, Veracruz, Xalapa, Coatzacoalcos, hasta a los de menores ingresos, ejemplo las serranas, son motivo de luchas intestinales por ser los candidatos elegidos.
Basta conocer cómo se desarticula la cúpula nacional para entender la actuación del dirigente estatal y comprender como se le han tirado a la yugular para desacreditarlo. Han convertido en un juego de estira y afloja, la selección entre los grupos de poder al interior, es más, buscan salvarse de los rumores de sus actuaciones anteriores.
Ante ello, pensar que la derecha sería buena alternativa para salir adelante, no es la esperanza. Lo que dejaron los dos periodos nacionales sexenales, Vicente Fox y Felipe Calderón, los mancilla ante la opinión pública, ya no es la alternancia democrática que se pensó, sino siguió siendo lo mismo de lo mismo, pero ahora, con una sombra de violencia que aún persiste.
Para los priistas la búsqueda por personajes con carisma, que además aporte dineros para la campaña los tiene carentes de imaginación. Si a ello, le anexamos la lucha de la familia Yunes por ser la elite deseosa de ser tomada en cuenta por su líder nacional, el michoacano Enrique Ochoa Reza, el resultado es descorazonador.
A través de sus mensajes sin respuesta, el senador Héctor Yunes, pone a sus seguidores a buscar otro camino para continuar en el poder gubernamental y sobre todo enganchados al erario, y ganarle a su primo, José Yunes, el afecto del CEN del PRI. El carácter del senador es yunista, su piel es muy sensible a los desaires y puede que en un arranque de enojo se acerque a otro partido político, para la próxima contienda.
La corrupción de los priistas, Duarte y compañía, los deja en el filo del abismo y sólo basta un empujoncito para dejarlos fuera de la contienda. Han perdido el denominada “voto duro” que los caracterizo en el pasado. Las viejas guardias, pilares del partido, han perdido la esperanza al arribo de personajes que nunca se han aparecido en sus zonas para demostrarles su afecto, después de haberlos apoyados para llegar al poder.
Dejaron malos recuerdos.
La izquierda, pero no con los perredistas sino con Morena, es lo que se percibe como la de mayor posibilidad, a decir de las encuestas. Sin embargo, no se olvida que el único que puede ser catalogado de honesto, a lo mejor no tres veces honesto, es su líder nacional, Andrés Manuel López Obrador, bandera que asume para conquistar el voto popular.
Pero, también se les ha presentado la problemática que no responde a las palabras del tabasqueño, cuando fue aclamado en su elección: “Vamos a crear una estructura organizativa sólida para ganar en el 2018”.
Sus comités municipales, señalado por sus agremiados, son gente extraída de otros grupos políticos, sin una plataforma política que corresponda a los intereses de la colectividad provocando la fractura interna. Se acusan de intolerancia en la opción de los que habrán de representarlos.
Las fuerzas políticas en el estado navegando en un mar turbulento.
La ciudadanía es arropada por lo incierto.
No hay nada que les demuestre cuál es la mejor opción para darle su voto.
La poca ilusión que podría ser considerada, se diluye con el acontecer diario de los que son distinguidos por los partidos.
Ojala que los votantes, bajo tan tétrico panorama, no opten por quedarse en casa a disfrutar de su programa favorito de televisión, el próximo mes de junio.
Habrá que esperar si se recompone el horizonte.

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