Reportero Asalariado/Diario del Istmo (I)


A la memoria de Ricardo Monlui Cabrera, compañero y colega empírico de EL SOL DEL CENTRO y EL SOL DE VERACRUZ. Viva por siempre con el Indulgente, el Compasivo y el Misericordioso.

Por Adolfo Roberto Pérez Valdés

Por Adolfo Roberto Pérez Valdés, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

El pasado viernes 17 de marzo, en el blog colectivo EFACICO se publicó una contribución editorial del colega universitario José Luis Ortega Vidal, quien radica en Coatzacoalcos o el antiguo Puerto México. Manifiesto no conocer al autor del artículo que cito abajo, las opiniones editoriales de Ortega Vidal también son publicadas en el portal LAPOLITICA.MX:

https://efacico.wordpress.com/2017/03/17/claroscuros-periodismo-y-poder-parte-iv/

Este artículo en especial, me resultó motivante para compartir una parte de mi propia trayectoria como reportero. Desde 1988 dejé de ser periodista asalariado pero continué escribiendo esporádicamente, y por invitación abierta de Ángel Leodegario Gutiérrez Castellanos tuve la oportunidad que en el diario LA POLÍTICA se publicaran algunos de esos artículos.

Don Ángel realizó esa invitación a sus lectores, asignando una columna especial en primera plana que tituló LOS POLÍTICOS.

Sin embargo, no es esta experiencia editorial NO ASALARIADA la que rememoraré aquí. Sino de lo que viví en mi primer empleo como periodista o reportero asalariado, dicha primera incursión ocurrió en el DIARIO DEL ISTMO durante 1980. Ese año estaba a la mitad de mis estudios de licenciatura en Ciencias y Técnicas de la Comunicación, ya tenía la decisión de tomar la Mención en Periodismo Impreso.

Como en mi familia las necesidades de alimentos, vestido, luz, renta, gas y etcétera siempre fueron premuras y urgencias cotidianas, creí ya poder solicitar un empleo como reportero en un diario de la ciudad. Fundamentalmente, ya era diestro en la redacción con la máquina de escribir mecánica. Me sirvieron mucho las clases de Sofía Esponda en la facultad. Y por supuesto la formación teórica de entrevistar y describir de la cátedra de Ricardo Rubín.

Los empleos previos que tuve fueron ser mesero en El Gaucho los fines de semana, lavador de autos y velador en un servicio automotriz, y ocasionalmente adiestraba amigos en las artes marciales chinas (Kung Fu) que aprendí cuando era bachiller. Dichos ingresos no siempre eran gratificantes. Nunca me dieron para comprarme una máquina de escribir, menos aún para una cámara fotográfica indispensable para la cátedra de fotoperiodismo de Edelmira García. Los aranceles de inscripción a cada semestre me eran condonados por ser hermano de una trabajadora del SETSUV.

Pues bien en mayo de 1980 apareció en el DIARIO DE VERACRUZ, propiedad de la familia Pabello, un anuncio solicitando personal para las redacciones tanto de Veracruz como de Coatzacoalcos. No dudé en acudir a las entrevistas, y acepté contratarme aunque el trabajo era para Coatzacoalcos y no en mi ciudad natal. Y me lancé allá un martes 13, sin conocer la ciudad y con el solo ofrecimiento del SALARIO MÍNIMO GENERAL. Debía presentarme ante Rolando Quevedo Lara el director del DIARIO DEL ISTMO.

Dejé atrás el mundo exclusivamente académico del periodismo y dos tropiezos o derrotas tanto con Mariana Guadalupe como con María de la Luz.

Más tarde entendería porque Ricardo Rubín, me dijo varias veces tras su clase que tendría muchos contratiempos como reportero por mi formación política de izquierda. Nunca oculté ni mi fe cristiana ni mi militancia socialista-comunista. Parecía esto una contradicción filosófica pero nunca lo fue en mí.

Explicar esto sería tema de otro artículo específico vinculado a mi participación en agrupaciones de izquierda.

EL REAPRENDIZAJE SOBRE LA PRÁCTICA

A Coatzacoalcos llegué la noche de ese martes 13, tras un viaje en el ADO de más de ocho horas y ya no encontré en la redacción a Rolando Quevedo Lara.

Así esa noche, otros trabajadores del periódico me dieron posada en una casa que rentaban a unas cuadras. Dormí ahí y todo el resto de mi estadía en Coatzacoalcos, la casa no tenía ningún mueble. El piso de una habitación fue mi cama todo ese tiempo, me prestaron una almohada y una sábana, fueron solidarios y empecé a poner mi parte proporcional de la renta.

Rolando Quevedo Lara me destinó a cubrir las fuentes sindicales y las juntas locales y federales de Conciliación y Arbitraje, también la oficina representativa de la Secretaría de Trabajo y Previsión Social. Un mundo de información constante y de seguimiento permanente, Coatzacoalcos bullía con una enorme población flotante por la edificación de los complejos petroquímicos en la congregación de Allende.

También era una época prolífica en homicidios sin resolver y secuestros frecuentes. El jefe de redacción, el señor Siu añejo periodista empírico de ascendencia oriental, realizó una serie de artículos a la cual diversos lectores bautizaron como una ridícula apología del crimen.

Al anochecer presentaba a Rolando mis notas y todas las rechazaba, me pedía mayores datos y más abundancia de párrafos. Volvía pues a redactar cada nota. En ese trato cotidiano noté que él, con cierta regularidad llegaba a la redacción con evidencias de influencia etílica, aparte fumaba de manera desenfrenada cigarros Raleigh. Se le acababan y le pedía al fotógrafo Leyva y a mi otros más. Los días de paga destinaba una parte para girarle telegráficamente a mi madre algo de mi salario.

Cada noche si había agua en el domicilio colectivo, compartido con los compañeros del diario que manejaban la rotativa y con un diagramador llamado Gaspar, nos dedicabamos a lavar nuestra ropa. A mano pues no teníamos lavadora.

ASIGNADO A LA CAMPAÑA ELECTORAL

Poco tiempo después, en el desarrollo de la campaña electoral por la renovación de la gubernatura y las diputaciones locales, Rolando Quevedo (también periodista empírico formado en El Dictamen) me asignó de manera permanente la cobertura de los actos de campaña del candidato del PRI a la diputación local, Roberto Ricardez Orueta (propietario) y Edel Alvarez Peña (suplente).

Ricardez Orueta era directivo del sindicato petrolero en Agua Dulce y Edel Alvarez Peña ocupaba la dirección del sector popular CNOP en Coatzacoalcos. Continúa….

@adolfoperez58

Publicado en: https://incrospido5.wordpress.com/

 

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