Ese marginado gremio de las Trabajadoras del Placer


por Gonzalo López Barradas

 

 

Por Gonzalo López Barradas, egresado de la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La prostitución, por razones tan obvias que no vale la pena explicarlas, y que tampoco les interesa a los cibernautas, ni a políticos en campaña y en el poder, ni a las autoridades municipales, ni a la sociedad entera, es como si alguien quisiera eliminar los sanitarios públicos (tan sucios todo el tiempo) y necesarios para muchos.

Cuando las civilizaciones del mundo empezaron a hacerse más refinadas, las prostitutas eran así como una especie de sacerdotisas del amor; estaban en los templos, y tenían la obligación de atender a sacerdotes y feligreses. Así es que la explotación del gremio no es nada nuevo, sino tan viejo como el oficio mismo. Antes lo hacían por causas religiosas; ahora, por motivos legales.

Solón, se hizo famoso por ser un legislador muy estricto. Sin embargo, el señor, 600 años antes de Cristo, ya sabía que lo único que se puede hacer para que sea menos mala la actividad del comercio carnal, era tenerla controlada. Así, cuando dictó sus leyes, introdujo en Atenas la prostitución legal… Y es que Solón, solito, se había dado cuenta de cómo los sacerdotes padrotes =cualquier semejanza con los lenones NO es mera coincidencia= se hacían ricos rápidamente gracias a las corrientes de ingresos obtenidas de la prostitución. Era un paraíso para los solicitantes y prestadoras de servicios “camatorios”.

Bajo el control del Estado, los burdeles y las casas de las hetairas tenían ciertos privilegios, y estaban considerados como lugares de refugio donde los ciudadanos podían sentirse seguros y protegidos (no como ahora). Nadie podía cometer, dentro de las casas de asignación actos de violencia. Una vez que un cliente entraba a un burdel, automáticamente quedaba protegido contra todo… Y además, las ganancias que antes se quedaban en los bolsillos (bueno, no sé si las túnicas y togas los tuvieron; eso lo debe saber don Luis Ruiz, el sastrólogo de las estrellas aquí en Jalapa) de los sacerdotes padrotes, fueron transferidos al erario público… A cambio de eso, las pobres prostitutas eran protegidas de las molestias inherentes a su profesión, y sostenidas por el Estado.

 

PANTALEON Y LAS VISITADORAS

 

Muchos escritores han abordado el tema de la utopía prostitucional. Latinoamericanos, Mario Vargas Llosa en su entretenida novela “Pantaleón y las Visitadoras”, en la que narra cómo un humilde oficial del ejército creó batallones de “puchachas” que hacían visitas a domicilio, y hasta usaban uniforme. Lo malo es que su sistema –que él hacía sin afán de lucro, sólo por cumplir con lo que consideraba su deber ciudadano, sin malicia-  dio tan buenos resultados, que llegó el momento en que el ejército de “visitadoras” (con el consiguiente escándalo de las autoridades y los periodistas mojigatos; corruptos con cascarita de santos, a quienes lo que más coraje les daba era que no los podían atender como querían por haber muchas solicitudes anteriores) no se daban abasto.

Las pobres mujeres trabajaban a destajo, atendiendo hasta a varias docenas de clientes en un día… (Hay una película de esta novela).

Aquí, en Jalapa las marginadas prostitutas pasan las de Caín y se refugian por iniciativa propia o por conveniencia de los lenones, que las regentean, en los diferentes antros y casas de masajes que son asediadas por los inspectores del alcalde Américo Zúñiga. Así “El Golden Men”, “el Kinkonzzito”, “Las Paradas”, “El Malibú”, “El Gato Negro”, “Madonnas”, “Gatitas complacientes”, “El Private”. “Laydis”, “La Chiripa”, “El retoño”, “El rodeo”, “La chispita”, “El Tejano”, “El California”, “La favorita”, “El Tequila” “República”, “Barecito”, Bulevard 96”, “XCape”, “la casa blanca”, frente al Monte de Piedad, etcétera. Antes de éstos, tanto estudiantes como políticos y gente de poder y dinero, calmaban sus ansias con “La Mimicha”, “doña Peleos”; en la zona roja que existía en la Av. Américas y Circunvalación y con el “Profesor Adán” (+), que llenó toda una época en la historia de las ‘casas de citas’…

La profesión de prosti ha dejado de convertirse en sinónimo de vicio y abyección, para convertirse en algo lucrativo y respetable. Ya nadie se escandaliza al saber que muchas madres solteras, o viudas, o dejadas, o estudiantes, o amas de casa se dedican al oficio más antiguo del mundo.

rresumen@hotmail.com

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