Así no se trata a los periodistas (1)


Por Rodolfo Calderón Vivar

 

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Fue Edmund Burke (1729-1797) a quien se le atribuye la sentencia de que el periodismo era el cuarto poder y que bien merecía ser situado en el Parlamento, junto a los otros poderes que, en su época, tenían un estrado en el parlamento a través de tres cámaras: la del rey, la de los lores y la de los comunes. Entonces, como cumplido pero también con conocimiento de causa, Burke estaba evocando una cuarta cámara, la de los periodistas. Y durante varios años fue el sino del trato defencial que se dió  a los periodistas en todo el mundo.

El periodismo había tenido una época de auge importante durante la época de la ilustración. Fue parte fundamental de las revoluciones ideológicas y  sociales de entonces. Hubo auge de publicaciones tanto científicas, culturales, ideológicas y panfletarias. El periodista , en distintos niveles y tipos, surgió para constituirse como un personaje importante en la vida social de las sociedades modernas en distintos lugares del mundo. El auge de la imprenta y la alfabetización en los países más avanzados de Europa y América, entre el siglo XVII y XIX, fue el marco para el esplendor de un género que traspasó distintas épocas (artesanales, liberales, industriales y digitales). Se llegó a constituir  primero en el testigo y después hasta en el juez de los eventos de la vida cotidiana, a través de su medio, por más modesto que éste fuera.

Hasta nuestros días, el periodismo sigue teniendo esa virtual situación de ser ubicado como un poder tangible, e intangible, que permea diversos etapas de la historia que se crea día con día en el mundo. Sin embargo, a diferencia de otras épocas, su profesionalización y especialización se ha ido perfeccionando en cuanto a basamentos teóricos, instrumentales y discursivos, a la par que la irrupción de la nueva era tecnológica, ha propiciado el nacimiento de una opinión pública, más a nivel de dóxa que que de tecné y episteme, que abre canales de comunicación a ciudadanos comunes y corrientes.

Desconozco como, al asumir que el periodismo era un poder de influencia entre los demás, algunos de los periodistas decidieron asumir costos diferenciados de como cobrar las publicaciones a los que comenzaron a considerar sus clientes, entre las fuentes ubicadas en los otros tres poderes de un estado. Y estoy hablando del periodismo en su fase de interrelación personal, porque obviamente al entrar a la etapa industrializada, a mediados del siglo XIX, se convirtió en una empresa de auge, con venta de espacios publicitarios necesarios para el sostenimiento de los tirajes surgidos en sus centros de edición, que funcionaban con imprentas cada vez más automatizadas y con tirajes de miles de  ejemplares. Ese trato fue de empresa-clientes debidamente facturado ante las autoridades hacendarias de los países donde aplicaba.

El final del siglo XIX y parte del XX vió incluso surgir a grandes empresarios norteamericanos, como William Randolph Hearst, que fue uno de los primeros monopolizadores de una gran cadena  periodística, con cerca de 30 grandes diarios en todo Estados Unidos, que entonces si formalizó el periodismo escandoloso, chantajeador y lleno de ambición política, que sacudió diversos sectores de poder político y empresarial, en el vecino poder. Desde su oficina principal en Nueva York, Randolph Hearst decidía sobre la fama pública de muchas personalidades públicas norteamericanas. Se sabe que incluso prohijó una guerra entre Estados Unidos y España, por el asunto de Cuba. No se duda que los periodistas de entonces, siguieran ya la línea de pegar y cobrar, busca el sensacionalismo y ajustar un estilo laboral de periodismo que iba más allá del cobro de jornadas laborales en los periódicos de Heartst. Fue el inicio de la comercialización de la imagen pública de notables, a través de los medios de comunicación.

Paradójicamente quienes más incidieron en la comercialización de la imagen pública de los notables fueros los participantes de la industria cinematográfica de comienzos del siglo XX. Formalizaron las agencias de publicidad para dar publicidad a sus actores y a sus producciones fílmicas. Comenzaron así a florecer los departamentos de prensa y publicidad como canales formales para construir la popularidad de actores, productores, directores, películas, empresarios y, aparejadamente, para extender su estilo a las nacientes oficinas de prensa y relaciones públicas del ámbito político y empresarial  norteamericano.  Fueron los enlaces entre prensa y personalidades públicas. En la década los veintes, las relaciones públicas adquirieron rango de actividad profesionalizante, en el Reino Unido, enfocadas a crear imágenes públicas favorables en las audiencias de diversos medios de comunicación, en ámbitos internos y externos de organizaciones empresariales, sociales y políticos.  La relación de esos departamentos de relaciones públicas, de empresa y publicidad, establecieron ya la costumbre fortalecido  del pago comercial de compra de espacios para crear imágenes públicas favorables. Joseph Goebbels. el jefe de propaganda nazi, le agregaría otro uso, el de crear imágenes públicas desfavorables.

Y es ahí donde está la clave para entender que es lo que debe pagar, o no, una entidad gubernamental o empresarial privada, al contratar servicios de medios. Y donde comienza la confusión, porque en realidad se confunde el pago  comercial de imagen pública, en el ámbito de las relaciones públicas, con el pago de noticia  u opinión periodística, en el ámbito del manejo de un servicio informativo periodístico. Aquí en México, el ejercicio del periodismo se comenzó a considerar con una atadura al de la venta de publicidad, estableciendo un modelo de negocio que poco a poco fue desvirtuando al indistinto manejo de imagen pública, como parte de un convenio de relaciones públicas, con el manejo  de información noticiosa, como sujeto también de cobro. En parte, las  empresas periodísticas mexicanas (no voy a hablar de las empresas extranjeras porque desconozco su funcionamiento, aunque hay indicios de  que tengan mecanismos parecidos) se ajustaron a un modelo de negocio-pago gobierno-prensa, que le permitió compensar bajos salarios de sus periodistas, con la asignación de una buena fuente gubernamental que compensara económicamente sueldos bajos de los reporteros. El profesional del periodismo, que por antonomasia se considera un  profesional independiente, se acostumbró a ese estilo laboral sui géneris, y a aprovechar la alta incidencia de la vanidad política mexicana para hacer tratos cada vez más personales (Continuará)

 

 

 

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