Así no se trata a los periodistas (2)


por Rodolfo Calderón Vivar

por Rodolfo Calderón Vivar, egresado de la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Establecida como una empresa comercial, ya mas formalmente desde la segunda década del siglo veinte, la prensa planteó la venta de sus espacios de acuerdo a la superficie  disponible en las planas que integraban sus ediciones diarias o semanales, incluso mensuales. La venta era desde por línea ágata, hasta las divisiones diversas que podían darse en función de su encolumnado y  su ubicación en cualquiera de las divisiones espaciales de  medias, cuartas y octavas partes de página, y hasta en la ubicación par e impar de la plana, o la sección escogida, que iba de la primera hasta las de deportes, policiacas, sociales, financieras.

¿Pero cómo tendría que cobrar el periodista independiente, que llenaba contenidos y que, si era notable en la escritura, argumentación y manejo de fuentes? Había jerarquías en la prensa que ubicaban a funcionarios del periódico por un lado, con poder directo sobre que se publicaba o no, hasta especialistas en artículos de opinión,  con cierta independencia en creación de contenidos, y el reportero, cubriendo las principales fuentes de información del entorno periodístico.

El periodista de cualquiera de los tres niveles anteriores (funcionario, articulista, reportero) tuvo acceso a ser agente de publicidad del medio, para ofrecer los espacios de la superficie del periódico antes mencionada. Así, se instituyó vender espacios muy pequeños de publicidad, los establecidos por línea ágata, que eran insertados en columnas especializadas, pasando por la publicidad comercial y llegando a la publicidad gubernamental, que llegó a cobrarse al doble de la comercial, y que estaba sujeta a facturación del medio impreso. Esta última se atribuía al manejo de boletines emanados  de fuentes gubernamentales, planteados como noticia.

Luego, a medida que se establecieron convenios de publicidad por periodos, entre medios y fuentes gubernamentales, los sueldos de periodistas,  comenzaron hallar su compensación en las comisiones por venta de publicidad, primero, y después, en las gratificaciones de las fuentes, como parte del convenio  periodístico para casos especiales de periodistas asignados a las mismas. Después, el contacto del periodista se hizo más personal, con más libertad publicitaria y más independiente en su relación con los detentadores de las fuentes gubernamentales: los políticos. ¿En que momento ya no se vendieron espacios para notas informativas o sueltos, o comentarios noticiosos? En alguna época que los políticos vanidosos decidieron, desde el gobierno, coptar a los periódicos para proyectos políticos  multianuales, convirtiendo a los periodistas en canales para crear agendas de opinión pública.  Aquí en Veracruz, hubo gobiernos que no solo cedieron gratificaciones permanentes a determinados periodistas sino, incluso, llegaron a comprar toda la maquinaria e financiamiento inicial de periódicos, para hacerlo un medio afín al proyecto político.

En tanto, los sueldos se fueron deteriorando y cuando mucho alcanzaron el límite del salario mínimo profesional establecido por las autoridades laborales del país, y se generó todo un quehacer periodístico  de repercusión de toda la actividad gubernamental, mediante la mecánica de constituirse en medios alternos de difusión social de los logros gubernamentales. Y se creó un triunvirato informativo integrado por políticos, jefes de prensa y periodista (incluidos aquí dueños y periodistas empleados). Algunos periodistas, una parte, se convirtieron no solo en comunicadores extraoficiales, o soterrados, de los políticos en turno, sino hasta confidentes y, poco a poco, asesores y hasta encubridores de “pequeños pecadillos cometidos”.

Con la creación de las escuelas de periodismo y comunicación en la segunda mitad del siglo XX, el número de periodistas se fue engrosando, y se compartió el quehacer con cientos de empíricos que ya conocían el teje y maneje, sobretodo, de como financiarse compensaciones en función del manejo de fuentes políticas y de otra índole. Pronto  muchas actividades periodísticas no solo se facturaron, sino aparecieron las gratificaciones, sin huella alguna en el manejo contable, o asignado a otros rubros de la fuente gubernamental. Un periodista ya no solo podría aparecer como agente de publicidad de su periódico, con una factura asignada a su empresa, o a nombre propio y de un medio pequeño a su cargo, sino también iba encubierto el pago, en el rubro de compra de bultos de cemento para una obra pública, gestionada desde el poder municipal, estatal o nacional. Aparte estaban los favores, las recomendaciones, las exenciones. No eran todos los periodistas los beneficiados, pero si un número muy significativo que compensó así sus honorarios personales.

Pronto, la gratificación, la concesión, el trato preferencial dió pauta a la amistad que prohijó, en algunos casos, el adjetivado elogio, las alabanzas, la creación de personalidades magnéticas e incansables que no existían en la realidad, sino en el imaginario del comunicador agradecido. Peor aún, se dió paso al periodista amanuense, que solo prestaba su espacio para que otro, en su nombre, filtrara comentarios en su columna.  Justo es señalar que si hubo periodistas que se mantuvieron en su línea objetiva, cobrando en estricto solo la publicidad de lo acordado en cuanto a boletines o manejo de noticia informativa. Y muy escasos, los que solo vivieron, hasta cierta época, de lo que recibían como sueldo en los periódicos. Con el aumento de egresados de las escuelas de comunicación, el número de demandantes de trabajo en los medios superó a la oferta de trabajo en los medios. Y el estilo de periodismo basado en el modelo de negocio de la fuente gubernamental se enfiló hacia su crisis en la primera década del siglo XXI.     (continuará)

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