Vientos de Coatzacoalcos


por Gonzalo López Barradas

 

 

Por Gonzalo López Barradas, egresado de la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Es tanta la desesperación que sufre el PRI para ganar alcaldías, sindicaturas y regidurías que tuvo que sacar de la alacena al viejo caciquismo de antaño cuyos rescoldos están plasmados en la persona de su candidato a presidente municipal de Coatzacoalcos, Carlos Vasconcelos. Cacique de marras; prepotente, altanero, golpeador. Rodeado de guaruras, voz ronca y mandona. Montado en el potro que dejaron Gonzalo N. Santos, “La Quina”, Amadeo González Caballero, Fidel Velásquez, Carlos Jonguitud Barrios, Cirilo Vázquez y tantos otros padres del importamadrismo en México y Veracruz. Dueños de almas, vidas y de sueños que sólo la cárcel y la muerte pudieron acabar con ellos.

El día 5 de este mes el periódico Noti Coatza Digital publicó una carta enviada por un lector cuyo nombre fue reservado por obvias razones.

CARTA DE UN LECTOR AL CANDIDATO DEL PRI: CARLOS VASCONCELOS.

“Carlos, Carlos, Carlitos para algunos, ¿Qué haremos contigo? ¿De dónde sacas que quieres ser alcalde?

Te ganaste a pulso desde muy joven el mote de “La amenaza”, en realidad lo eras, golpeabas a diestra y siniestra a quien tú deseabas, ya a los 18 años traías una escuadra de 9 mm. Y dabas el charolazo con aquella placa de policía federal que te había conseguido tu señor padre, a la sazón secretario general de la sección 31, puesto que detentó durante muchos años. Eran los tiempos del cacicazgo amafiado, sostenido por Joaquín Hernández Galicia, el tan temido líder ‘La Quina’.   ¿Recuerdas cuando en un acto de bravuconería te filtraste a una fiesta en el Club de Leones y golpeaste salvajemente a algunos adultos que ahí se encontraban?, el Dr. Maciel lo recuerda muy bien. Heredaste de tu padre el nombramiento de Secretario General de esa Sección de tristes recuerdos. Sin haber laborado ni un sólo minuto de tu vida, por obra y gracia de ‘La quina’, te convertiste en líder de los trabajadores a quienes esquilmabas las cuotas sindicales y la primera quincena que ellos, con su trabajo, habían obtenido. ¿No te avergüenza ello?

Sólo en México sucede esto, has sido representante obrero, sin nunca haber sabido lo que es sudar la camisa como lo hacen ellos. Y el complejo de inferioridad que te caracteriza, ¿de dónde lo obtuviste?, siempre rodeado de un séquito de guarda espaldas que cobraban su salario de la Sección petrolera, de la propia central obrera CTM y hasta del Ayuntamiento local. Era muy aparatoso verte circular por las calles porteñas en una caravana de por lo menos 10 vehículos con 4 guaruras en cada uno. ¿A qué le temes Carlos? Y tus recientes hazañas en la construcción del complejo etileno donde cobrabas la cuota por trabajar a los empresarios y a los distintos empleados que laboraban amparados por la poderosa CTM. Carlos, la gente tiene memoria, donde tú pisas vas dejando ofensas, agravios, extorsiones, cohechos, eliminando a quien te estorba, al viejo estilo de las mafias sicilianas. Carlos, no en balde te dicen “La amenaza”.

Dios libre a los habitantes del antiguo Puerto México si este personaje llegara a gobernar su municipio. Esos caciques ya hace mucho tiempo dejaron de existir, pero Vasconcelos se quedó atrapado en el tiempo y en la historia.

rresumen@hotmail.com

 

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