LA CASAMATA DE VERACRUZ


Investigación/Fotografías deMario Jesús Gaspar Cobarruvias.
Fotografía de Mario Jesús Gaspar Cobarrubias, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

La pólvora, sustancia deflagrante utilizada principalmente como propulsor de proyectiles en las armas de fuego y con fines acústicos en los fuegos pirotécnicos, fue desarrollada en China en el siglo IX e introducida en Europa por los bizantinos y árabes alrededor del año 1200. Su aplicación para la guerra fue lenta pero constante, de tal forma que para el siglo XIV ya hay noticias de piezas de artillería que lanzan grandes bolas de piedra utilizando la pólvora como propulsor, en los sitios de Baza, Algeciras, así como en la batalla de Crécy en 1346, tanto por los ejércitos de la Cristiandad como por los musulmanes.

La captura de Constantinopla por el sultán Mehmed en 1453, con ayuda de enormes cañones como la Gran Bombarda, demoliendo las altas murallas medievales de la capital del Imperio Bizantino levantadas en el siglo V, cambió radicalmente el arte de la guerra en Europa. La Gran Bombarda constaba de dos piezas de bronce unidas entre sí, y su longitud era de unos 8 ó 9 metros aproximadamente. Su peso rondaba las 18 toneladas y podía disparar proyectiles esféricos de granito cuyo diámetro era de 762mm. El peso de cada proyectil era de 680 kilos. Su alcance era de 1.600 metros y la cadencia de tiro de unos 7 u 8 disparos diarios. Se necesitaban al menos 3 horas para recargar el cañón y volver a dispararlo. La dotación para servir esta monstruosa pieza era de 200 hombres.
El gigantesco Cañón de los Dardanelos, sucesor de la Gran Bombarda de 1453, en el Museo del Fuerte Nelson en Portsmouth (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Ca%C3%B1%C3%B3n_de_los_Dardanelos)

A pesar de su imponente aspecto la Gran Bombarda era un cañón impreciso en sus disparos. Fue la pieza más grande y espectacular que se usó en el asedio, si bien no la única y mayor en Europa, pues existía el inglés Mons Meg fabricado en 1449, que fue una de las dos grandes bombardas de asedio que se regalaron al rey Jacobo II de Escocia en 1457. Basados en la pieza otomana, se fabricaron hasta 42 cañones más, los cuales fueron situados a partir de 1464 en diversas fortalezas que jalonaban el paso por el estrecho de los Dardanelos. Uno de ellos, llamado El Cañón de los Dardanelos, fue fundido en bronce en 1464 por Munir Ali con un peso de 16,8 toneladas y siguió prestando servicio más de 300 años. En 1807, cuando una fuerza de la Royal Navy apareció y comenzó a desembarcar en el estrecho, las fuerzas turcas cargaron la antigua reliquia con propergol y proyectiles, y luego dispararon contra los barcos ingleses del almirante Duckworth, uno de ellos fue tocado dos veces y sufrió cerca de 60 muertos por este bombardeo.

LA FORTIFICACIÓN ABALUARTADA
Vista aérea del Castillo de Salces, modelo de transición entre el castillo medieval y el fuerte abaluartado en el siglo XV (Fuente: http://www.sofiaoriginals.com/n1130plazasfuertes.htm)

Para defenderse de estas armas y de las que les sucedieron, muchos castillos feudales se tuvieron que reformar su arquitectura adoptando la traza italiana, con una forma más baja para no presentar un blanco fácil, muy gruesa para resistir los brutales impactos de las balas de piedra y posteriormente las explosivas. Y centrando la defensa principalmente en los baluartes o grandes pentágonos artillados con baterías de cañones en sus plataformas, que dieron nombre al nuevo estilo de defensa entre los siglos XV y XIX: la fortificación abaluartada.

En España, esta transición del castillo medieval al fuerte renacentista se ve reflejada en el Castillo de Salses, que fue construido a finales del siglo XV como defensa avanzada del Rosellón aragonés contra los ataques franceses. Su adaptación a las moderna técnicas defensivas de la época para hacer frente a los ataques con artillería enemiga fue realizado por el artillero-ingeniero Ramiro López, quien le dotó de todos los adelantos de la época: caponeras, barbacanas, foso amplio, escarpes, etc. Sin embargo, conservaba su planta rectangular que le hacía parecer un castillo medieval antiguo que una fortaleza. Debido a sus reformas defensivas, el castillo de Salces estaba considerado como una de las más poderosas fortalezas del siglo XVI y resistió con éxito el sitio de los franceses en 1503.
Los baluartes presentan en su arquitectura dos variantes: los que están rellenos de tierra y los que poseen bóvedas en su interior que pueden ser utilizadas como almacén y depósito de pólvora o polvorines, al ser simultáneamente las partes más fuertes de una fortaleza abaluartada. También se empleaban las bóvedas dentro de las cortinas o murallas, así como el interior de edificios civiles. Esto se hizo una costumbre general hasta el siglo XVII y constituía curiosamente, la única forma efectiva de inutilizar permanentemente un baluarte: reventarlo desde adentro haciendo explotar sus polvorines con innumerables quintales de pólvora. Tal experiencia fue sufrida por el Real Fuerte de la Concepción (Salamanca, España) en 1810 y por la fortaleza de San Carlos en Perote en 1862. También se tenia como orden para los virreyes, de aplicarla a la fortaleza de San Juan de Ulúa en caso de pérdida total de la ciudad de Veracruz o ante una retirada general hacia Europa, como amenazaban hacer los simpatizantes de la causa del Rey todavía en 1822.
EDIFICIOS ESPECÍFICOS PARA POLVORINES
Fortaleza de San Carlos en Perote, la fortificación abaluartada mejor diseñada en México desde el siglo XVIII (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Por otra parte, en el siglo XVII la evolución de las tácticas de guerra tanto para el ataque (asaltos de infantería y bombardeos) como para la defensa (bóvedas a prueba de bombas y casamatas) propuestas por ingenieros militares como Sébastien Le Prestre, Señor de Vauban (1633-1707) y Marc-René de Montalembert (1714-1800 –entre otros muchos en Francia, España, Italia y Alemania- obligó a replantear el almacenamiento de los muy necesarios pero peligrosísimos quintales de pólvora y a dividirlos en partes adentro y fuera de los baluartes, pues si el enemigo llegaba a capturar o destruir toda la provisión almacenada en un solo sitio, sin el preciado explosivo no era posible el uso de las armas de fuego para ningún fin. Vauban construyó en el centro de las torres defensivas de cada saliente y debajo de su terraplén, un gran espacio abovedado con destino exclusivo al emplazamiento de las pólvoras, Montalembert, en el sistema atenazado aprovecha la torre de la tenaza menos atacada para almacén y el ingeniero militar francés Bernard Forest de Bélidor (1698-1761) los separa, haciéndolos aislados y de planta rectangular, su propuesta tiene gran difusión y aplicaciones en Europa y América.

Los polvorines del modelo Bélidor fueron los primeros en situar los explosivos en un edificio particularmente diseñado para esta finalidad, a principios del siglo XIX. Tenían una planta rectangular, con bóveda de cañón seguido trasdosada con un enorme caballete de mampostería y contrafuertes exteriores. Estos edificios solían construirse aislados y sus principales inconvenientes eran que evitaban la circulación del aire alrededor del edificio y además detenían los proyectiles, que al explotar, los destruían junto con el muro. La cimentación se ejecutaba sobre bóvedas escarzanas, cuyo trasdós era horizontal, formado de hormigón y casquijo, y encima una gruesa capa de asfalto u otra materia bituminosa, capa que seguía al exterior para prevenir las humedades del almacén. Los pisos se entarimaban con madera de encina perfectamente curada cuando el terreno era húmedo, y solado o baldosado en caso contrario. Estos edificios debían cumplir una serie de requisitos especiales:
Representación de un polvorín aislado y amurallado del modelo propuesto por el ingeniero Bernard Forest de Bélidor en el siglo XVIII (Fuente: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-147.htm)
1. Mantenerse perfectamente secos en su interior, y por tanto, evitar cualquier tipo de humedad, ya procediera del terreno o fuera debida a la condensación del vapor acuoso que penetraba con el aire exterior. La humedad conveniente se aceptaba en 45º a 55º del higrómetro de Saussure.
2. Mantener la temperatura interior lo más constante que fuera posible. Algunos autores determinan unos límites de 28-30º en los días más calurosos y de 4º en los más fríos, mientras para otros están entre los 35º y 8º.
3. En la construcción debían adoptarse las debidas precauciones para prevenir toda probabilidad de fuego y para evitar los efectos de los choques o rozamientos que pudieran provocar detonaciones. Fundamental era la preservación de estos edificios de los agentes eléctricos empleando un buen sistema de pararrayos, aunque su implantación no fue generalizada hasta las últimas décadas del siglo XIX.
4. Sostener un buen sistema de ventilación y medios para dar fácil salida a los gases en caso de explosión, además de emplearse almacenes distintos para las pólvoras y los altos explosivos, evitando así que la explosión en uno de los almacenes afectase a los productos contenidos en el otro.
5. La explosión espontánea o intencionada de las sustancias almacenadas podía producir la proyección de los materiales de construcción, así como una onda expansiva que causara daños en las edificaciones próximas. Para atenuar estos efectos, se tenía el recurso de la construcción de polvorines subterráneos, enterrando el almacén lo bastante para que quedase cubierto con una capa de tierra de suficiente espesor.
6. Para atenuar los efectos de una explosión, el tipo de almacén erigido sobre el terreno debía construirse con paredes de poco espesor y materiales ligeros, y rodearse, además, de una cerca de tierra lo bastante elevada para atenuar los efectos de proyección, situándose a 2 kilómetros como mínimo de la población, y a 1 kilómetro de los caminos más próximos.
7. La mayor parte de los polvorines estaban situados fuera de recintos fortificados, en terrenos más bien baratos de adquirir y a los que se exigía economía en la construcción, suelen ser de planta rectangular, aunque también se admitían la elíptica, la circular y la anular.
8. Las cajas que contenían pólvora ordinaria se colocaban en filas superpuestas, apoyando la primera sobre dos viguetas o polines de madera y colocando otras dos entre fila y fila. Anteriormente se colocaban en nichos practicados en las paredes, pero el sistema se desechó por no permitir la circulación de aire alrededor de los empaques, siendo lo mejor colocar las cajas en estanterías de madera, cuya altura total debía ser menor de dos metros, y con una profundidad suficiente para colocar dos cajas puestas a tizón y separadas una de otra 2 o 3 cm.
9. Debían tener un buen sistema de luces, ya fueran naturales o artificiales. En los almacenes de “depósito” la luz natural se procuraba por medio de ventanas al exterior o al interior, por un corredor central, debiendo ser pocas pero las suficientes para que en el interior se trabajase con comodidad y pudieran leerse fácilmente los rótulos y precintos de las cajas. Las ventanas que daban al exterior debían ser dobles, la exterior de madera y la interior de cristal, ambas abriendo al exterior y procurando que su cierre fuera lo más hermético posible. Las que daban al interior, sólo vidrieras, debían cerrar perfectamente y además tener los cristales pintados de blanco, para que el sol, a través de ellos, no pudiera hacer el efecto de una lente.
10. Su situación geográfica debía ser elevada para que fuera difícil llegar a ellas, y además, porque unidas a los ventiladores que debía llevar el almacén, ayudaban a la renovación del aire cuando era preciso.
11. Los herrajes que en su uso pudieran producir rozamientos como goznes, bisagras, pestillos y cerraduras, debían ser de bronce, cobre o latón, aunque las cerraduras también podían ser de hierro, siempre que estuviesen pintadas al óleo o cubiertas de pellejo.
12. En los alrededores del almacén no convenía colocar árboles muy cercanos a los muros de cerca, por ser sus raíces foco de humedad, además del inconveniente de que, si eran elevados, impedían el soleamiento de las paredes del almacén, con lo cual se mantenía la humedad en el aire. Tampoco debían permitirse las hierbas, que al igual que las hojas caídas de los árboles se secaban en la época de calor pudiendo dar lugar a incendios; para ello se esparcía ceniza o se regaba con ácidos que impedían su crecimiento.
13. No se aconsejaba que existiesen en las cercanías masas metálicas, tales como parques de proyectiles o bocas de fuego, ni que hubiera en su proximidad líneas telegráficas o telefónicas bien avanzado el siglo XIX.
14. Las garitas de los centinelas se colocaban a unos 20 pasos del muro y frente a los ángulos, de modo que aún metido en ella, el centinela quedase mirando dos lados del muro y al edificio; estos centinelas no debían llevar sobre sí municiones ni cargado el fusil, evitando así que por cualquier circunstancia pudiera disparárseles.
15. Para que la vigilancia del edificio fuera completa, se rodeaba de un muro de cerca de seguridad que creaba un camino de ronda en el espacio interior. Su espesor debía ser en consonancia a la longitud y altura, debiendo separarse del almacén lo bastante para que el aire no quedase detenido y el sol pudiera bañar la fachada. El muro de cerca debía ser de una altura suficiente para que un hombre ágil no pudiera subirse, terminándolo con pinchos o trozos de cristal. No se permitía que nadie estacionase en sus cercanías ni hacer nada que pudiera ser causa de su destrucción; este muro sólo tenía una puerta colocada frente al camino de ronda, que nunca debía corresponderse en eje con la puerta o puertas del almacén. También en el camino de ronda era preciso extirpar hierbas y el piso debía estar bien afirmado y sin desigualdades que pudieran dar lugar a tropiezos o caídas durante el transporte de material, además de hacerse con pendiente hacia la alcantarilla o pozo para la rápida evacuación de las aguas, y de un ancho que permitiese el cruce de dos angarillas sin riesgo de choques con los muros o entre sí, estando prohibida la permanencia de operarios en estos pasos.
Vista del baluarte de Santiago, polvorín mayor de la ciudad de Veracruz desde 1635, en un plano de 1886 trazado por el teniente-coronel Julio Alvarado (Fuente: Mapoteca Orozco y Berra)

16. Era indispensable que estos almacenes aislados y a bastante distancia de otros grupos de edificios estuviesen vigilados por tropas que necesitaban viviendas o lo que se conoce como Cuerpo de guardia. Este edificio debía asentarse a un mínimo de 50 metros de la cerca que rodea a los almacenes y a sotavento de los mismos, con objeto de evitar que una chispa de la cocina, de un brasero o de un cigarro pudiera ser llevada por el viento hasta los polvorines.

17. Los locales que solían constituir el alojamiento eran: un dormitorio colectivo o cuerpo de guardia de tropa, un cuarto para el sargento, otro para un oficial con retrete anejo, una cocina y retretes generales. En el mismo edificio podía ser necesario disponer uno o dos locales para el encargado del almacén y otra habitación contigua para depósito de efectos y materiales. La garita del centinela se colocaba, en cambio, junto a la cerca, exteriormente a la misma pero suficientemente elevada para facilitar la vigilancia.
18. Estos almacenes especiales debían ser defendidos de sus dos enemigos principales, el fuego y la humedad, y para conseguirlo, además de estudiar su buena situación y orientación, era preciso construirlos con materiales apropiados o preparados para adquirir condiciones de incombustibilidad, y disponer los edificios de manera que dificultasen toda posible introducción del fuego dentro del almacén. Una vez que el fuego entraba en contacto con los envases, resultaba difícil evitar que el calor produjese la voladura.
También existían medidas precautorias para evitar la propagación del fuego:
1. Mezclando las pólvoras con otros cuerpos que retrasasen la inflamación, como salitre, grafito, cristal pulverizado, etc., lo que suponía tener que tamizar la pólvora cuando se quería hacer uso de ella en su verdadero estado.
2. El uso de agua con cloruro de magnesio, que con el calor desprende cloro gaseoso, un gas que extingue el fuego por ser obstáculo para la combustión.
3. Cerrando los huecos exterior e interiormente con telas metálicas, y cubriéndolos por fuera con una pantalla semicircular de palastro. Las distintas disposiciones empleadas para las bocas de ventilación, si bien no ayudaban a la entrada del aire, reunían condiciones para impedir la del fuego, siempre que se empleasen telas metálicas en sus aberturas.
LOS POLVORINES VERACRUZANOS
En la ciudad de la Nueva Veracruz los proyectos y trabajos de amurallamiento abaluartado se iniciaron desde 1632, dotando a la urbe de dos grandes baluartes costeros (Nuestra Señora de la Concepción y Santiago) a la vez que se avanzaba penosamente en la construcción de la fortaleza San Juan de Ulúa, para reformarlo de un muro de argollas con dos torres de escasa capacidad defensiva a una verdadera fortaleza cerrada por sus cuatro costados (aspecto que se logró hasta finales del siglo XVII con las obras emprendidas por el ingeniero alemán Jaime Franck). La pólvora en tierra firme se concentró en diversos espacios, siendo el mayor de ellos el almacén subterráneo del baluarte de Santiago con capacidad de 550 quintales (contando además con otros externos para 450), y el del Nuestra Señora de la Concepción con 13 quintales.
La pólvora fabricada es la denominada pólvora negra, que está compuesta de determinadas proporciones de carbón, azufre y nitrato de potasio. La más popular tiene 75 % de nitrato de potasio, 15 % de carbono y 10 % de azufre (porcentajes en masa/masa). Es altamente inflamable por sensibilidad al choque roce y chispas, se inflama a temperatura superior a los 300 Cº. Si se tiene que almacenar será en mínimos tiempos y cantidades posibles en el recipiente del fabricante; en un sitio seco y sin corrientes de aire.
LA CASAMATA
Las casamatas de Perote diseñadas como polvorines exteriores, en el plano trazado por el ingeniero Pedro Ponce en 1777 (Fuente: Archivo General de la Nación)

Por todo lo anteriormente mencionado, en 1649 el Ayuntamiento de la Nueva Veracruz pagó la realización de un polvorín externo a la ciudad, dada la progresiva cantidad de explosivo que se iba acumulando conforme crecían las fortificaciones, llegaba más del producto a través del comercio ultramarino para uso en la cada vez más redituable pero difícil de trabajar industria minera. También para abastecer a los navíos de la Armada de Barlovento y a las demás fortalezas novohispanas tanto de cañones como de pólvora.

El nombre es un derivado del italiano Casamatta, que hace referencia a una bóveda muy resistente en que se instalan piezas de artillería, pero en sus diversas aplicaciones prácticas militares, define también a un almacén a prueba de bomba para almacenar explosivos. No es un apellido sino un nombre genérico y “Casa Mata” es una forma incorrecta de escribirlo, solo explicable en el español anterior al siglo XX. Sinónimos de casamata son bunker, fortem fortezza, roccaforte, blocao, blockhaus, blockhouse, casemate y pillbox.
Entre 1726 y 1739 publica la Real Academia Española su primer repertorio lexicográfico, el DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA, en que se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con las frases o modos de hablar, los proverbios o refranes, y otras cosas convenientes al uso de la lengua, conocido como el DICCIONARIO DE AUTORIDADES por tener en los artículos citas de autores que ejemplifican o corroboran la definición dada con el objetivo de autorizar el uso de los voces y representar el “bien hablar y escribir”; tal y como se indica, respetando la grafía y acentuación originales. Es, por lo tanto, el primer diccionario confeccionado por la Real Academia Española (RAE), que en 1713 siguió los ya existentes de las academias de la lengua francesa e italiana, la Académie Française y la Accademia della Crusca, respectivamente. En su segundo tomo publicado en 1729 por la imprenta de Francisco del Hierro, se específica que es una Casamata:
Plano de un almacén de pólvora según el modelo Bélidor capaz 2.000 quintales en Santiago, Chile en 1810 (Fuente: http://www.memoriachilena.cl/602/w3-article-86757.html)
“Término de fortificación. Es una bóveda o subterráneo a prueba de bomba, que ordinariamente se construye debajo de los baluartes o bastiones: y si ellos son de orejón o plazas bajas entran por ella los soldados que las han de ocupar, y flanquean el foso con el fuego continúo que hacen, imposibilitando desembocar en él al enemigo. Sirven también de almacenes para tener tener seguros de las bombas los viveres y municiones, y en tiempo de sitio, de hospitales para los heridos y enfermos.”
Fotografía de la Casamata de Veracruz antes de su demolición en la década de 1930 (Fuente: obra HISTORIA DE VERACRUZ de Manuel B. Trens)

El 30 de junio de 1783, el ingeniero militar Miguel del Corral escribe en San Juan de Ulúa, un interesante documento titulado RELACIÓN CIRCUNSTANCIADA, DEL ESTADO DE LAS FORTIFICACIONES EXISTENTES EN LA PLAZA DE VERA CRUZ, SU COSTA Y CASTILLO DE SAN JUAN DE ULÚA. Tras describir las instalaciones militares de la Nueva Veracruz, hace referencia a un gran almacén de pólvora, que por la ubicación que le otorga y las necesidades que atendía, no puede tratarse de otro que la Casamata:

“Al sur de la Plaza distante media legua de sus Puertas y recinto esta un almacén de cuatro naves, capaz de diez, a once mil quintales de pólvora, con su respectivo cuerpo de guardia todo en buen estado, donde se custodia la de dotación para esta Plaza, Castillo de San Juan de Ulúa, en tiempos de paz, y se deposita la de las embarcaciones que dan fondo en este Puerto, como toda la que viene de la fábrica de México, para las islas de Barlovento.”
En su obra APUNTES HISTÓRICOS DE LA HEROICA CIUDAD DE VERACRUZ (1850-1858), el historiador Miguel Lerdo de Tejada, da una descripción amplia de esta construcción:
“CASAMATA.
Este edificio, tan citado en la historia de México después de su independencia, por los convenios que allí se celebraron en el año 1823 entre las tropas imperiales y las que proclamaron en Vera-Cruz la forma de gobierno republicano, no es más que un almacén para depósito de pólvora, como lo explica bien su nombre, con un pequeño fortín y un local suficiente para el alojamiento de la guardia encargada de cuidarlo, y con un tinglado al frente.
Fue construido en el punto que se ve en el plano que acompaño á este capítulo, el año 1649, por acuerdo del ayuntamiento, cuya corporación pagó de sus fondos los $ 14,846 2 rs. que costó toda la obra, y lo cedió al gobierno, con el objeto de evitar á la población los peligros que la amenazaban si continuaba el depósito de pólvora dentro de la ciudad, como lo estuvo hasta entonces.”
En el DICCIONARIO DE CURIOSIDADES HISTORICAS, GEOGRAFICAS, HIEROGRAFICAS, CRONOLOGICAS, ETC. DE LA REPUBLICA MEJICANA publicado en la ciudad de México por el profesor normalista Feliz Ramos I Duarte en 1899, se menciona esta construcción que recibió el nombre de la Casamata:
“Casamata de Veracruz (fundación de). El edificio de Casamata de Veracruz fue construido en 1649, por acuerdo del Ayuntamiento, quien dio 14,846 pesos 2 reales para la obra. (Lerdo de Tejada, tomo 3o, página 37).
Fortaleza que está de la ciudad de Veracruz a unos 5 quilómetros, memorable por haber proclamado allí el general D. Antonio López de Santa-Anna, en 1823, el plan que dio por resultado el establecimiento de la forma de gobierno republicano en Méjico.”
Las casamatas para depósito de pólvora en los siglos XVII y XVIII, entraban en la categoría de Obras Convenientes, es decir, de las que se construyen según el mejor criterio para defender pero que no son obligatorias si la fortaleza abaluartada no las requiere, como son los flancos retirados, orejones, revellines, lunetas, contraguardias, plazas de armas, flechas, lenguas de sierpe y las galería de minas.
tografía de la Casamata de Veracruz ya demolida por las obras de la Carretera Nacional (Fuente: obra HISTORIA DE VERACRUZ de Manuel B. Trens)

Los polvorines, según menciona la licenciada en historia del arte Juana Tamara Blanes Martín en su GLOSARIO ILUSTRADO DE TÉRMINOS DEL PATRIMONIO MILITAR (incluido en su obra FORTIFICACIONES DEL CARIBE), se caracterizaban por su solidez, poseer muros muy anchos, abovedados, sostenidos con contrafuerte exterior y una gruesa cubierta. Poseían respiraderos con “dados” para que la circulación del aire no fuera directa. Para evitar que la humedad dañara los quintales de pólvora, se colocaban en barriles y sobre un entarimado de madera. Los muros eran protegidos por bardas perimetrales de mampostería y su entrada a través de ellos no estaba alineada con la del polvorín por razones de seguridad. Ejemplos aun sobrevivientes de esta tipología de edificios, son los polvorines 1 y 2 proyectados en 1777 y que existen en la colonia Francisco I. Madero a 6 kilómetros de la fortaleza de San Carlos, desempeñando el mismo papel que la Casamata respecto a la ciudad de Veracruz. Esta, además, estaba dotada de una gran garita de vigilancia –que era típica de estas construcciones- que le daba aspecto de un fortín, además de un edificio propio para alojar a los soldados y oficiales, con un tinglado o cobertizo al frente. Estas medidas de protección se comprenden cuando se ubica a la casamata en el mapa: su posición estaba a 3.28 kilómetros al sureste de la ciudad de Veracruz, sobre un solitario médano de arena de unos 20 metros de altura con condiciones de buena vista al mar, convirtiendo la posición en un excelente vigía y puesto de mando.

RECONSTRUCCIÓN HISTÓRICA
Los mapas que señalan los trabajos de avance de construcción del ferrocarril en la zona inmediata a la ciudad Veracruz, como el CROQUIS DE LOS TERRENOS DE LAS HACIENDAS DE PASO DE VARAS Y MANGA DE CLAVO EN EL DEPARTAMENTO DE VERACRUZ, posterior a 1847, sitúan la casamata en una elevación a la derecha del camino de hierro entre la laguna Malibrán (mucho más extensa que en la actualidad) y la zona llamada Tembladeras; teniendo hacia el oriente las playas de Collado y Mocambo.
Litografía de la ciudad de Veracruz desde el médano de la Casamata en el siglo XIX, por F. Ruíz (Fuente: https://www.facebook.com/photo.php?fbid=697074083657391&set=g.332656880091207&type=1&theater)

Una reconstrucción realizada en 2015 por el autor de esta investigación en trabajo conjunto con el ingeniero regiomontano Luis Manuel Villanueva Garza, también investigador independiente de la historia de la ciudad de Veracruz, sitúa a la casamata en las siguientes coordenadas y con las siguientes dimensiones utilizando la escala 1:4000 del PLANO MUNICIPAL DE LA CIUDAD DE VERACRUZ EN 1931, la medida llamada Vara de Burgos (83.59 centímetros de largo) y la de peso llamada Quintal de 46 kilógramos (100 libras) utilizadas muy frecuentemente en el ámbito militar en los siglos XVIII y XIX:

Nombre conocido: la Casamata. Propósito militar: gran polvorín externo. Año de construcción: 1649. Obras adicionales: alojamiento de la guardia y tinglado del frente. Costo: 14,846 pesos y 2 reales. Latitud: 19° 09′ 59″ N. Longitud: 96° 08′ 06″ O. Altura original del médano: 20 metros. Altitud actual del sitio: 19 metros. Distancia desde la Puerta de la Merced: 3.283 metros. Longitud: 47.69 metros (57.05 varas) Ancho: 10.23 metros (12.23 varas) Altura: 6 metros (7.17 varas) Número de divisiones internas: 4 naves. Capacidad de almacenamiento: 10-11.000 quintales de pólvora (460-506 toneladas) Destinatarios de la pólvora en el periodo virreinal: Plaza de Veracruz, fortaleza de San Juan de Ulúa, embarcaciones y la producción de la fábrica de México para las islas de Barlovento. Año de demolición: entre 1931 y 1938.
Óleo sobre lienzo del impresionista norteamericano Thomas Moran titulado “Vera Cruz” (1883). muestra los pantanos próximos al médano de la Casamata (Fuente: http://framingpainting.com/painting/vera_cruz_mexico-10605.html)

La soledad en que se encontraba la casamata en un paraje alto con escasa densidad demográfica y a la vista de una zona de desembarco, en caso de conflictos, hacían necesario que el depósito de pólvora externo fuera fortificado para poder defenderse así mismo, al estar excesivamente alejado del área de cobertura de los cañones de los baluartes de Veracruz y cualquier batería de costa que se pudiese montar con la artillería de la época, cuyos alcances para acertar estaban en el rango de 900 metros en condiciones óptimas en el siglo XVII. Pero esto también constituía una salvaguarda para el edificio, en el caso de que la artillería de la ciudad fuese capturada y apuntada contra la Casamata. Pero esta ventaja no podría durar indefinidamente. Para 1859, los avances en artillería y perfeccionamiento de los medios para lograr mejores ángulos de tiro, demostraron que, durante el primer sitio establecido por el ejército conservador de Miguel Miramón a la ciudad de Veracruz, los morteros que disparaban proyectiles explosivos con un peso de 14 libras ya podían proyectarlos más allá de la Casamata, sometiéndola a fuerte

bombardeo.
En caso de de una explosión accidental o intencionada con sus almacenes llenos de pólvora, la altura del paraje y los médanos de arena ayudarían a disipar parte de la fuerza destructiva de la onda expansiva generada por la explosión, evitando mayores desastres a la ciudad. Posteriormente se podría reconstruir el edificio o cambiar la ubicación, procesos cuyos costos no eran prohibitivos ni fuera del alcance de las autoridades o habitantes acomodados dedicados al comercio.
EL PLAN DE CASA MATA
General español José Antonio de Echávarri (1789-1834), sitiador de la ciudad de Veracruz, con su cuartel general en la Casamata, donde firmó el plan del mismo nombre el 1 de febrero de 1823 (Fuente:https://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/3/3c/Jos%C3%A9_Antonio_de_Ech%C3%A1varri.png)

Un hecho marca a este viejo polvorín como sitio relevante en la historia de México: la proclamación del Plan de Casa Mata.

Este plan fue producto de un movimiento surgido a partir del disgusto que provocó la proclamación de Agustín de Iturbide como emperador en 1822. Ante la revuelta, Iturbide ordenó a algunos generales dirigirse a Veracruz para combatir a Antonio López Santa Anna, uno de sus principales opositores. El ejército imperial fue comandando por el general José Antonio de Echávarri, quien estableció el sitio a Veracruz en condiciones muy precarias, con su cuartel de mando en la Casamata.
Recientemente incorporado a una logia masónica como tantos oficiales, como Luis Cortázar y Rábago y José María Lobato, inició platicas con los rebeldes que debía combatir,
En el viejo polvorín fue proclamado el Plan de Casa Mata, el 1 de febrero de 1823 por Santa Anna y Echávarri, posteriormente se unirían Vicente Guerrero, Nicolás Bravo y otros jefes del ejército, que habían sido antiguos insurgentes. Este plan tenía la intención de reinstalar en el congreso y declarar nulo el imperio, no reconociendo a Iturbide como Emperador de México.
Se cambiaría la forma del naciente estado mexicano de monarquía a república y el plan tuvo como consecuencia la ascensión al poder de un triunvirato formado por Pedro Celestino Negrete, Nicolás Bravo y Guadalupe Victoria, lo que convirtió a este último en el primer presidente de la República Mexicana en 1824.
Este es el contenido del Plan de Casa Mata:
“Acta de Casamata
Los Señores Generales de división, jefes de cuerpos sueltos, Oficiales del Estado Mayor, y uno por clase del ejército, reunidos en el alojamiento del General en jefe para tratar sobre la toma de la plaza de Veracruz, y de los peligros que amenazan á la patria por la falta de representación nacional, único baluarte que sostiene la libertad civil, después de haber discutido extensamente sobre su felicidad, con presencia del voto general, acordaron en este día lo siguiente:
Art. 1° Siendo inconcuso que la soberanía reside esencialmente en la nación, se instalara el Congreso á la mayor posible brevedad.
Art. 2° La convocatoria para las nuevas Cortes se hará bajo las bases prescritas para la primera.
Art. 3° Respecto que entre los señores diputados que formaron el extinguido Congreso, hubo algunos que por sus ideas liberales y firmeza de carácter se hicieron acreedores al aprecio público, al paso que otros no correspondieron debidamente á la confianza que en ellos se depositó, tendrán las provincias la libre facultad de reelegir á los primeros y sustituir á los segundos con sujetos más idóneos para el desempeño de sus arduas obligaciones.
Art. 4° Luego que se reúnan los representantes de la nación, fijarán su residencia en la ciudad ó pueblo que estimen por más conveniente, para dar principio á sus sesiones.
Art. 5° Los cuerpos que componen este ejército, y los que sucesivamente se adhieran, ratificarán el solemne juramento de sostener á toda costa la representación nacional.
Art. 6° Los jefes, Oficiales y tropa que no estén conformes con sacrificarse por el bien de la patria, podrán trasladarse á donde les convenga.
Art. 7° Se nombrará una comisión que con copias del acta, marche á la capital del Imperio á ponerla en manos de S.M. el emperador.
Art. 8° Otra comisión, con igual copia á la plaza de Veracruz á proponer al gobernador y corporaciones de ella, lo acordado por el ejército, para ver si se adhieren á el ó no.
Art. 9° Otra á los jefes de los cuerpos dependientes de este ejército que se hallan sitiando el Puente y en las Villas.
Art. 10° En el ínterin contesta el Supremo Gobierno, con presencia de lo acordado por el ejército, la Diputación Provincial de esta provincia será la que delibere en la parte administrativa, si aquella resolución fuere de acuerdo con la opinión.
Art. 11° El ejército nunca atentará contra la persona del emperador, pues lo contempla decidido por la representación nacional. Aquel se situará en las Villas ó en donde las circunstancias lo exijan, y no se desmembrará por pretexto alguno, hasta que no lo disponga el Soberano Congreso, atendiendo á que será el que lo sostenga en sus deliberaciones.
Cuartel General de Casamata, á 1o. de febrero de 1823.
Por el Regimiento de Infantería N. 10, Simón Rubio, Vicente Neri Ibarbosa, Luis de la Portilla, Manuel M. Hernández, José M. González Arevalo. Por el N. 7, Andres Rangel, Antonio Morales. Por el N. 5, Mariano García Rico, Rafael Rico, José Antonio Heredia, Rafael de Ortega. Por el N. 2, José Sales, José Antonio Valenzuela, Juan B. Morales, Juan de Andonaeilli. Por los granaderos de infantería, Joaquín Sánchez Hidalgo. Por la artillería, Francisco J. Berna. Por el 12 de caballería, José de Campo. Por el 1o, José M. Leal, Esteban de la Mora, Anastasio Bustamante, Juan N. Aguilar Tablada. Por el 1o., Manuel Gutiérrez, Luciano Muñoz, Ventura Mora, Francisco Montero. Mayor de órdenes de la izquierda, Andrés Martínez. Ídem de la derecha, Rafael de Ortega. Ídem del ejército, José M. Travesi. Jefe suelto, Juan Araño. Jefe del centro, Juan José Codallos. Ídem de la izquierda, Luis de Cortazar. Ídem de la derecha, José M. Lobato. General del ejército, José Antonio de Echavarri.”
Todos los firmantes pertenecían al ejército enviado por el emperador Agustín de Iturbide para reprimir la rebelión de Santa Anna y los firmantes del otrora Plan de Vera Cruz, de 6 de diciembre de 1822.
Debe subrayarse, pues ocasionalmente se presta a confusiones a causa de la incorrecta escritura del nombre o desconocimiento de los hechos concretos, el Plan de Casa Mata fue suscrito en el médano próximo a la ciudad amurallada de Veracruz y no en las casamatas de Perote ni en Puente Nacional ni en ningún otro edificio que llevara o se le conociera con el nombre de Casamata dentro del territorio mexicano.
EL SITIO DE 1847
eneral Gedeón Johnson Pillow (1806-1878), comandante de los regimientos norteamericanos que capturaron la Casamata el 10 de marzo de 1847 (Fuente: https://en.wikipedia.org/wiki/Gideon_Johnson_Pillow#/media/File:General_Gideon_Johnson_Pillow.jpg)

Durante la guerra de la Primera Intervención Norteamericana (1846-1848), el ejército invasor al mando del general Winfield Scott desembarcó en las playas de Collado el 9 de marzo de 1847 y durante los combates que lo aproximaron a la distancia apropiada para bombardear la ciudad, la casamata fue capturada, quedando encerrada dentro de la línea de sitio a Veracruz. En su obra RECUERDOS DE LA INVASIÓN NORTEAMERICANA (1846-1848) POR UN JOVEN DE ENTONCES y publicada en 1883, el historiador José María Roa Bárcena describe el suceso:

“Desde la mañana del 10, la 2* división del ejército (Voluntarios, al mando de Patterson) se había movido del lugar de desembarco hacia los médanos al Noroeste, y, atravesando el terreno ya ocupado por la 1ª. Brigada veterana ó regular al mando del general Worth, que formaba la derecha de la línea norte-americana, destacó Patterson al general Pillow con los regimientos 1º y 2° del Tennessee y 1° y 2° de Pensylvania, hacia las alturas dominantes de la laguna de los Cocos, á desalojar á la fuerza mexicana posesionada de las ruinas de Calibran; haciendo colocar simultáneamente, en el médano más avanzado, una pieza de artillería contra la Casamata, ocupada asimismo por fuerzas de la Orilla. Unos cuantos disparos hicieron evacuar este segundo punto, y momentos después, el general Pillow, internándose en el chaparral, halló á la infantería mexicana á inmediaciones de las ruinas y la desalojó con pérdida de alguna gente: en seguida, acabando de atravesar el chaparral, tomó posesión de la Casamata, donde había cohetes de aviso y gran cantidad de botes de metralla.
Dejando allí alguna gente, avanzó contra diversa sección de infantería y caballería mexicana, que ocupaba el punto de intersección del ferrocarril con el camino de Medellín, haciéndola desacampar y persiguiéndola por un terreno quebrado hasta la cresta de las alturas al Suroeste de la plaza: allí se detuvo la expresada sección y, siendo nuevamente atacada, se dispersó bajo la protección de los cañones de Veracruz, vivaqueando en dichas alturas la fuerza de Pillow.”
La flecha señala la posición de la Casamata dentro de la línea de divisiones norteamericanas que sitiaron Veracruz entre el 9 y 29 de marzo de 1847 (Fuente: http://www.lib.utexas.edu/maps/historical/us_army-vera_cruz-1847.jpg)

Este evento, de no mucha importancia para los defensores, excepto por la pérdida del material almacenado en la Casamata, pudo haberse mitigado en consecuencias si se hubiesen puesto en prácticas las medidas defensivas, que describe también Roa Bárcena:

“A los pormenores expuestos hay que agregar la gravísima circunstancia, consignada en el parte oficial de las operaciones, de que con mucha anterioridad los principales ingenieros opinaron que la defensa principal de la plaza debía prepararse del lado del mar, como efectivamente se hizo; descuidando la línea de tierra, que se creyó no podría quedar asegurada sino cuando se construyeran obras avanzadas y se contara con un cuerpo de ejército auxiliar afuera de la ciudad. El teniente coronel Robles, director á la sazón del camino de hierro hacia México, ideó y propuso el establecimiento de una línea de fortificación exterior apoyada en los Hornos, el Cementerio y la Casamata, y que, formada en gran parte con las maderas acopiadas para el ferrocarril, habría podido retardar unos quince días el ataque formal del enemigo. Si se recuerda la fecha en que comenzaron á llegar al Estado de Veracruz las fuerzas despachadas del interior y que constituyeron el ejército nuestro derrotado en Cerro Gordo, se comprenderá que la idea de Robles, a ser puesta en práctica, si bien no habría evitado en definitiva la pérdida de Veracruz, habría indudablemente prolongado su defensa con el auxilio exterior de las tropas procedentes de México, y causado gravisimo daño a los invasores.
General José Manuel Susano de la Luz Robles Pezuela, quien dirigió la construcción de baterías de cañones y trincheras cerca de la Casamata durante el sitio conservador de 1859 (Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Manuel_Robles_Pezuela)

Con el tacto y la cordura que la prensa suele emplear en ocasiones de conflicto, algún periódico dijo que Robles fraguaba un buen negocio para la empresa ferrocarrilera, y el digno jefe, ofendido de tal suposición, desistió de su plan, á que se oponían, sin duda, por otra parte la escasez de tropas y la falta de recursos pecuniarios. Lo cierto es que los preparativos del lado de tierra fueron casi nulos hasta última hora, y que se efectuó de dicho lado el ataque principal de los norteamericanos, quienes no hicieron funcionar sus buques sino como auxiliares del fuego de sus baterías terrestres. En Veracruz, á principios de Marzo, aún se confiaba en recibir auxilios.”

Lineas más adelante vuelve a mencionar esta cuestión con datos adicionales:
“Me escribe un vecino respetable de aquella ciudad y que fué testigo y actor en los sucesos de 1847:
El general Robles, entónces teniente coronel de ingenieros y comandante de ingenieros de la plaza, propuso fortificar las inmediaciones de Veracruz; esto es, el cerco de médanos más altos do la ciudad, y que la circundan formando cordillera, de Punta de Hornos ó los Hornos á Casamata, y de este punto á los médanos del Perro y del Encanto. No siendo practicable tal idea por falta de dinero y de hombres, se fijó en fortificar el Camposanto y el médano del Perro; asegurando que con cuarenta mil pesos se terminaría la obra y con 500 hombres quedaría guarnecida, retardándose el ataque de la ciudad, cuando menos, quince dias, y dándose con ello más tiempo al país para reunir medios de hostilizar al enemigo y de socorrer á la plaza; aparte de que la mayor permanencia del enemigo á la intemperie bajo el clima de Veracruz, le acarrearía las pérdidas consiguientes por las enfermedades de esta zona. Tal proyecto fué desaprobado y áun atacado por la prensa del puerto, que solo comprendió el acierto de los medios propuestos, cuando el enemigo plantó sus baterías en el Cementerio y el médano del Perro, lugares que elegía para la defensa el Sr. Robles.
La misma persona agrega:
Siendo después comandante militar de Veracruz el general Robles, envió al ministerio de la Guerra una interesante Memoria sobre si Veracruz y Ulúa deberían defenderse en caso de guerra extranjera, y sobre los medios de defensa y ofensa que deberían adoptarse para impedir que cayeran en poder del enemigo, ó para que le fuera costosísima su ocupación.”
LAS DEFENSAS ENTRE 1857 Y 1858
La flecha señala la posición del gran médano donde se ubicaba la Casamata en este croquis de los terrenos de las haciendas de Manga de Clavo y Paso de Varas hacia 1850 (Fuente: Mapoteca Orozco y Berra)

En previsión de una nueva guerra intervencionista, pero esta vez por parte de España, el gobierno mexicano trazó nuevas defensas para la ciudad de Veracruz, reforzando los 8 baluartes y abarcando el perímetro exterior que tantos problemas había dado a sus defensores al estar en posesión de los atacantes situados en los llamados médanos del Perro, del Encanto, en el área tras la iglesia del Cristo del Buen Viaje, la ranchería de Malibrán y la altura donde se hallaba la Casamata.

Lerdo de Tejada explica en que consistían esta obras de fortificación. Las primeras eran una línea de pequeños fortines avanzados frente a los baluartes, su finalidad era contener al enemigo lo suficiente para impedirle atacar las puertas, escalar la muralla y lograr ser fijado por la artillería posicionada en los bastiones y las calles:
“Estas obras de fortificación permanentes, han sido aumentadas con otras obras exteriores pasajeras, construidas en 1857, por orden del gobierno, bajo la dirección del coronel de ingenieros D. J . Palafox, para mejorar la defensa de aquella plaza en el caso de que fuera atacada por los españoles, como se anunciaba, y son las siguientes:
Un retrincheramiento enfrente del baluarte de Santiago, conteniendo una batería hácia el mar, y otras defensas hácia la parte de tierra.
Cuatro flechas, una de las cuales está colocada entre los baluartes de San Fernando y San José, dos delante de los cuarteles, y otra enfrente á la Noria, entre los baluartes de Santa Gertrudis y Santa Bárbara.
Cinco lunetas en este orden: dos sobre los médanos inmediatos á la plaza, colocadas una frente al baluarte de Santa Gertrudis, otra entre este baluarte y la Puerta Nueva, y las tres restantes entre los baluartes de San Javier, San Mateo, San Juan y Concepción.”
La flecha señala la posición de la Casamata en el plano del Veracruz en 1850 de Miguel Lerdo de Tejada (Fuente: obra HISTORIA DE VERACRUZ de Manuel B. Trens)

La segunda linea de defensa se apostaba sobre el exterior más allá del río Tenoya y en dirección a Malibrán, su objetivo era servir como zona de amortiguamiento del fuego enemigo contra la ciudad. En caso de una defensa éxitosa, podrían coger al enemigo entre dos fuegos desde los baluartes y los médanos del Encanto y la Casamata:

“Un retrincheramiento irregular en Casamata, en dientes de sierra, capaz de contener 2,500 ó 3,000 hombres.”
Estas obras que no se construyeron en su totalidad por la falta de medios económicos y la situación caótica en que cayó el país a causa de la Guerra de Reforma o de los Tres Años (1857-1860), quedaron reflejadas en el PLANO DE LA PLAZA DE VERACRUZ Y SUS ALREDEDORES CON LAS OBRAS DE FORTIFICACIÓN QUE SE PROYECTAN PARA PONERLA EN ESTADO DE DEFENSA trazado muy seguramente por el Cuerpo Nacional de Ingenieros. Las que se pudieron concluir fueron reforzadas y aumentadas para el segundo sitio conservador en 1860, mucho más feroz que el de 1859.
LOS SITIOS DE 1859 y 1860
eneral y presidente reaccionario Miguel Gregorio de la Luz Atenógenes Miramón y Tarelo, cuyo sitio a la ciudad de Veracruz en 1860, derivó en graves daños a la Casamata (Fuente: http://www.memoriapoliticademexico.org/Biografias/MIM31.html)

Durante la llamada Guerra de Reforma (1857-1860), la ciudad de Veracruz fue sitiada dos veces por el ejército de la facción conservadora al mando del general y presidente Miguel Miramón, con el propósito de asestar un golpe definitivo a la causa del gobierno liberal presidido por el licenciado Benito Juárez y que se había instalado en la ciudad desde 1858 con apoyo del gobernador Manuel Gutiérrez Zamora. Ambos eventos fueron descritos profusamente por el capitán Sebastián I. Campos, que fue protagonista de las acciones militares, que menciona en sus RECUERDOS HISTÓRICOS DE LA CIUDAD DE VERACRUZ Y COSTA DE SOTAVENTO DEL ESTADO publicada en 1895.

El primer sitio fue llevado a cabo entre el 17 y 30 de marzo de 1859, siendo ocupada la Casamata por Miramón, quien ordenó que el 24 los ingenieros al mando del general José Manuel Susano de la Luz Robles Pezuela, establecieran baterías de cañones y abrieran trincheras en sus cercanías, apoyados por los batallones 6o. y de Rifleros. El 25 los trabajos estuvieron listos e inició el asedio pero repentinamente se dio orden de retirada hacia Córdoba y Orizaba, por donde habían bajado desde la capital hacia Veracruz. El 3 de abril, antes de subir las Cumbres de Acultzingo, disolvió su ejército sitiador regresando las diferentes unidades a sus destinos originales. Mientras en Veracruz, Juárez recibió el día 6 el reconocimiento a su gobierno por parte del ministro plenipotenciario estadounidense Robert A. McLane, quien había arribado el día 1 al puerto veracruzano.
El segundo se desarrolló entre el 8 febrero y 21 de marzo de 1860, el ejército conservador bajó a la costa, esta vez por el rumbo de Perote y Xalapa, siendo hostilizado por guerrillas, quemados los pastos en la ruta, a fin de privarle de provisiones y minada la zona de Malibrán, donde se hallaba la Casamata. Días antes, la Casamata fue nuevamente ocupada por Miramón, quien estableció por un tiempo ahí su cuartel general. En los días previos al bombardeo a la ciudad, hubo bastante acción por parte de la artillería liberal apostada en los baluartes contra los emplazamientos conservadores en los médanos del sur, demostrando que los avances tecnológicos en la artillería, 211 años después de construirse la Casamata, ahora ya permitían alcanzarla:
“El día 4 de Marzo, entre una y dos de la tarde, hizo su aparición el enemigo, que había llegado á Medellín desde cinco días ántes, conduciendo en sus carros y bagajes los útiles y artillería para establecer sus baterías; la cortina núm. 5 de “la Gola” lo saludó con una granada de á 68, aceptando el reto que se hacía á la plaza. Durante la noche y el día siguiente acabaron de llegar los pertrechos, y el día 7, al amanecer, una línea blanquizca de un metro ó poco menos de elevación, á la falda de los médanos ya dichos, determinó la posición de las baterías enemigas, resguardadas por una trinchera de sacos á tierra.
Los fuertes que las enfilaban comenzaron á disparar, y media hora después la línea de saquillos había desaparecido por completo. Estaban, pues, bien ajustadas las punterías. En la mañana siguiente se repitió la misma escena: la línea era algo más elevada, y la plaza, rectificando el tiro, la destrozó enteramente; y por último, al tercer día, protegida por los fuegos de los morteros de á 14 que. enviaban las bombas hasta más allá de “Casa Mata,” hizo una salida la caballería, regresando luego con un crecido número de saquillos de buena manta, un pisón, algunas palas y picos, dos escalas y dos zapadores prisioneros: colocadas las escalas de asalto dentro del foso, se vió que apenas alcanzaban á su borde: eran, pues, inútiles, y el enemigo no llegaría con ellas á escalar la muralla.”
La flecha indica la posición de la Casamata en este Plano Municipal de la Ciudad de Veracruz trazado en 1931 (Fuente: Mapoteca Orozco y Berra)

El 15 de marzo comenzó el bombardeo contra la ciudad y la Casamata quedó inmersa en el feroz intercambio de bombardeos que hacían ambos bandos por desmontar sus respectivas baterías de cañones, avanzar unos hacia la ciudad para asaltarla con infantería e impedir tal evento los otros:

“Los sitiadores desplegaron un verdadero lujo de ferocidad para ver de lograr su intento, y los defensores de la ciudad no fueron menos terribles para defenderla.
Durante el bombardeo, los proyectiles enemigos inutilizaron algunas piezas de artillería en la “Noria,” en “Santa Gertrudis,” en “Santa Bárbara” y en “San Fernando,” pero fueron reemplazadas inmediatamente. La plaza desmontó los mejores cañones del enemigo, embaló uno de sus morteros é inutilizó otro, haciéndole añicos un muñón; y en cuanto á la pobre tropa, veces hubo en que algunas piezas permanecieron en silencio á largos intervalos, porque las granadas y bombas, que nunca bajaron de veinte á la vez, al estallar sobre las baterías, dejaban tendidas en tierra dotaciones completas de artilleros, al grado que después del tercer día, hubieron de emplearse, para servirlas, á los zapadores. No sufrieron menos las infanterías, pues las bombas de la plaza, Ulúa y las cañoneras, barrían todo el terreno, desde el en que estaba esestablecido el campamento, propiamente dicho, hasta mucho más adelante de “Casa Mata;” y si en su temeraria empresa hubieran forzado el paso de la tala de nopales, durante los ataques del 15 y 19, las minas, sobre las cuales tenían que pasar necesariamente, hubieran aniquilado horriblemente las columnas. Si el enemigo hubiera llevado diez mil hombres al menos para emprender un ataque simultáneo sobre todas las líneas, habría dejado la mitad antes de llegar al foso, y quizá con la otra mitad no hubiera podido asaltar la muralla, sin dejar una tercera parte más en tierra, para tropezar con la tercera línea de defensa dispuesta en el interior de la ciudad, y con los fuegos de Ulúa y de la escuadrilla en el caso de ocuparla, según estaba dispuesto.”
El autor de esta investigación señala las rajaduras que evidencian la voladura interna e intencional del polvorín del baluarte de San Carlos en la fortaleza de Perote, el 3 de noviembre de 1862 (Fuente: Archivo del Lic. Mario Jesús Gaspar Cobarruvias)

Cuando se calmó el fuego de contrabatería días después, se pudo hacer una apreciación de la devastación causada, entre ellos severos daños a la Casamata:

“Cuando en la tarde del día 21 se levantó el campo enemigo, el aspecto que presentaba era horroroso: hombres, mujeres y niños que allí concurrieron como á un paseo, daban muestras de compasión al ver aquí y allí, diseminados profusamente, cadáveres á medio enterrar en la floja arena, ó en las ruinas de “Malibrán,” mutilados por los coyotes muchos de ellos. Armas rotas, cañones, negras aún las bocas, tirados al pie de las trincheras; prendas de vestuario ensangrentadas, escalas abandonadas; los espaldones materialmente deshechos; “Casa Mata” agujereadas las paredes y desplomados los techos; los árboles inmediatos desgajados ó tronchados á distintas alturas; y, lo más terrible y que denunciaba, sin embargo, la excelencia de los artilleros de la plaza, el terreno sobre que estaba levantado el campamento, el camino cubierto, y más todavía el lugar de las baterías, literalmente empedrados, permítaseme la frase, con los cascos de las granadas y bombas, y con las balas que durante diez días consecutivos estuvo arrojando la plaza en las horas que abría sus fuegos.”
Los conservadores dispararon en la madrugada del 21 su último cañonazo y a las seis de la mañana se retiraron hacia Paso de Ovejas, llegando a Xalapa el 27 de marzo. El día 30 se disolvió nuevamente el ejército de operaciones formado para el sitio y el 7 de abril, Miramón hizo su entrada a la Ciudad de México.
LA DEMOLICIÓN COMO DESTINO
Plano del reatrincheramiento que, para miles de soldados protegidos por dientes de sierra, se proyectó para el médano de la Casamata por el Cuerpo Nacional de Ingenieros en 1857 (Fuente: Mapoteca Manuel Orozco y Berra)

Reparada tras el sitio de 1860, la casamata tuvo todavía un largo periodo de vida y sobrevivió a todas los conflictos que asolaron la ciudad hasta la paz duradera a partir de 1940. Entre 1880 y 1920 fue utilizado para albergar a los enfermos de enfermedades contagiosas que aún azotaban la ciudad a pesar de los avances logrados en medicina.

Pese a su gran antigüedad, que en 1931 alcanzaba ya 282 años, su valor arquitectónico como muestra de los polvorines del siglo XVII y ser uno de los edificios de origen colonial más viejos de la ciudad de Veracruz, la Casamata fue demolida entre 1931 y 1938, cuando su médano fue reducido y nivelado como parte de los trabajos para abrir paso a la Carretera Nacional de Xalapa a Veracruz, tal como asevera el historiador y cronista Manuel B. Trens en su obra HISTORIA DE VERACRUZ publicada entre 1945 y 1947. Muy posiblemente su estado deterioro y centenaria estructura debilitada por los vientos, lluvias y conflictos de los que fue testigo, desestimaron su conservación. Todavía en el PLANO MUNICIPAL DE LA CIUDAD DE VERACRUZ trazado en 1931, se ubica el viejo polvorín junto al Panteón General y a corta distancia de la Carretera Nacional en construcción.
Quedan como recuerdo dos fotografías de Manuel B. Trens, con un antes y después de la demolición, algunas litografías y su ubicación en diversos mapas y planos de la ciudad de Veracruz en los siglos XIX y XX.

La flecha señala el reatrincheramiento proyectado para el médano de la Casamata, frente al un fortín en el médano del Encanto, por el Cuerpo Nacional de Ingenieros en 1857 (Fuente: Mapoteca Manuel Orozco y Berra)
GLOSARIO:
Quintal:
Antigua unidad de masa española equivalente a 100 kilógramos (quintal métrico). En Castilla equivalía al peso de 100 libras, 46 kilógramos aproximadamente. Las fracciones de un quintal se medían en arrobas, que era la cuarta parte de un quintal (11,5 kg).
BIBLIOGRAFÍA:
Gaspar Cobarruvias, Mario Jesús. MANUAL DE SEMINARIO LA FORTIFICACIÓN ESPAÑOLA Y SU LEGADO EN EL ESTADO DE VERACRUZ. Secretaría de Turismo, Cultura y Cinematografía del Estado de Veracruz, México, 2012.
DICCIONARIO DE LA LENGUA CASTELLANA, EN QUE SE EXPLICA EL VERDADERO SENTIDO DE LAS VOCES, SU NATURALEZA Y CALIDAD, CON LAS PHRASES Y MODOS DE HABLAR, LOS PROVERBIOS O REFRANES, Y OTRAS COSAS CONVENIENTES AL USO DE LA LENGUA. Tomo Segundo que contiene la letra C, Real Academia Española, Imprenta de Francisco del Hierro, Madrid, 1729.
Ramos I. Duarte Feliz. DICCIONARIO DE CURIOSIDADES HISTORICAS, GEOGRAFICAS, HIEROGRAFICAS, CRONOLOGICAS, ETC. DE LA REPUBLICA MEJICANA. Imprenta de Eduardo Dublán, México, 1899.
Lerdo de Tejeda. Miguel. APUNTES HISTÓRICOS DE LA HEROICA CIUDAD DE VERACRUZ TOMO III. Imprenta de Vicente García Torres, México, 1858.
Blanes Martín, Tamara. GLOSARIO ILUSTRADO DE TÉRMINOS DEL PATRIMONIO MILITAR, Universidad de La Habana. Cuba, 2000.
Roa Bárcena, José María. RECUERDOS DE LA INVASIÓN NORTEAMERICANA (1846-1848) POR UN JOVEN DE ENTONCES. Edición de la librería madrileña de Juan Buxó y Ca., México, 1883.
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Campos, Sebastián Ignacio. RECUERDOS HISTÓRICOS DE LA CIUDAD DE VERACRUZ Y COSTA DE SOTAVENTO DEL ESTADO DURANTE LAS CAMPAÑAS DE TRES AÑOS, LA INTERVENCIÓN Y EL IMPERIO. Oficina Tip. de la Secretaría de Fomento, Calle de San Andres núm. 15. (Avenida Orlente, 51), México, 1895.
Blázquez Domínguez, Carmen. VERACRUZ LIBERAL 1858-1860. 1a. Edición, Gobierno del Estado de Veracruz-El Colegio de México, México D.F., 1986.
FUENTES ELECTRÓNICAS:
LA GRAN BOMBARDA TURCA, EL CAÑÓN QUE DERRIBÓ A CONSTANTINOPLA ARMAS. ES, 21 de junio de 2010:http://www.armas.es/actualidad/articulos/561-Armas/30936-la-gran-bombarda-turca-el-canon-que-derribo-a-constantinopla.html
CASTILLO DE SALCES, EN EL ROSELLÓN ESPAÑOL Historia Militar de España, Fortificaciones españolas: http://www.altorres.synology.me/fortificaciones/salces/salces.htm
ALMACENES DE PÓLVORA Y EXPLOSIVOS EN LA SEGUNDA MITAD DEL SIGLO XIX. UN ESTUDIO TIPOLÓGICO Scripta Nova, Revista Electrónica de Geografía y Ciencias Sociales, Ana María Benedicto Justo, 15 de agosto de 2003: http://www.ub.edu/geocrit/sn/sn-147.htm
LA PÓLVORA NEGRA Y LA ARCABUCERÍA EN LAS FIESTA DE MMyCC UNDEF, Moros y Cristianos:http://undef.es/la-polvora-negra-y-la-arcabuceria-en-las-fiestas-de-mmycc/
LAS DEFENSAS DE VERACRUZ EN 1783, SEGÚN UNA RELACIÓN DEL INGENIERO MIGUEL DEL CORRAL, Biblio 3W Revista Bibliográfica de Geografía y Ciencias Sociales, Universidad de Barcelona ISSN: 1138-9796. Depósito Legal: B. 21.742-98, Vol. VIII, nº 456, 5 de agosto de 2003, J. Omar Moncada Maya, Instituto de Geografía, UNAM, Universidad de Barcelona:http://www.ub.edu/geocrit/b3w-456.htm
1823 ACTA DE CASAMATA Memoria Política de México, Doralicia Carmona Dávila: http://www.memoriapoliticademexico.org/Textos/2ImpDictadura/1823ACM.html
EDIFICIO DE CASAMATA
Comunidad Veracruz Antiguo, septiembre 16 de 2016:
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