Francisco Aguirre Beltrán, orgullo de Otatitlán


por Gonzalo López Barradas.

 

 

 

Por Gonzalo López Barradas, egresado de la facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Cosamaloapan y los poblados que la rodean, como la antigua Grecia, es uno de los asientos de la cultura veracruzana.

De ahí arrancó un nuevo concepto acerca de la naturaleza y de la vida.

Es, por universalismo de su espíritu, creadora de cimientos, donde han tenido la mujer y el hombre un estadio superior en los destinos de su desarrollo histórico.

En derecho y en política, en ciencia y filosofía y poesía y literatura, nos ha dictado normas, conduciéndonos por los caminos de su saber. Ahí han nacido prohombres humanistas, científicos, literatos y poetas.

Don Francisco Aguirre Beltrán, el poeta científico como lo ha llamado el maestro Octaviano Corro, nació en Otatitlán, población sembrada en el margen derecho del “Rio de las mariposas”, el Papaloapan, un 19 de octubre de 1899. Estudió medicina, carrera que ejerció toda su vida porque de esa manera podía servir a sus paisanos con un profundo sentido cristiano.

Poeta, filósofo, humanista, filólogo, profundo conocedor de las matemáticas y la física cuántica. Sus amigos y conocidos y familiares dicen que se dedicó, con rigor y empeño, al estudio de diversas disciplinas del saber humano, hasta alcanzar una extensa y sólida cultura la cual demostró en su poesía, en su prosa y traducciones de textos en portugués, inglés, italiano, francés y griego.

El poeta y escritor sotaventino fue, dice el escritor Carlos Porrágas Enríquez, diáfano en la construcción lírica unas veces, otras romántico delicado y sutil, penetrante en la concepción filosófica, pensador y acucioso analítico de la condición humana, bohemio, soñador, apasionado y sensual dentro de sus íntimas soledades nostálgicas…

La creación de Francisco Aguirre fue fértil porque siempre brotó como una flor del silencio cálido y consentido, esperando por la vida de las letras en las estaciones temporales del lenguaje; virtuoso solista de la armonía estrófica del poema, ya que los sedimentos de su voz enriquecieron todos los campos de las emociones humanas vírgenes para los sentimientos.

Su prosa es elocuente porque supo que la estructura del lenguaje no está sujeta, como el verso, a medida y cadencia. Usó la forma natural para expresar las ideas como en la composición que le dedicó a la maestra Consuelo Avilés: “Jalapa, flor de la provincia”, o “Un amor” y el prólogo para la novela “Los días rotos”, escrito el 2 de diciembre de 1968.

En la antología dedicada al bardo no existe el propósito de loar a la belleza sino resaltar la impactante presencia, con su frente despejada y la mirada aguda de visionario proyectada hacia el infinito, de un carácter siempre jovial; de voluntad potente que forjó en el pesado yunque del trabajo diario que lo hacía con dinamismo y siempre con su recia personalidad humanitaria.

Son muchos los poetas  y pintores de la naturaleza que le han compuesto poemas  a Francisco Aguirre Beltrán: Guillermo Cházaro Lagos, Luis J. Vives Hermida, Sabás Cruz García, Aurora Feral de Zamacona, Manuel Pitalúa Flores, Gabriel y Gonzalo Beltrán y Rutilo Parroquín, entre otros.

Glosar la obra literaria y poética de Aguirre Beltrán en escasos renglones es una tarea difícil, ya que sus actividades en las áreas científicas y en las de la creación literaria, tan amplias, variadas y fructíferas, han sido expuestas por el periodista Roberto Gaona Mendoza, por el lingüista y político tabasqueño Francisco J. Santamaría y por otro poeta cosamaloapeño, Octaviano Corro. El inolvidable, intelectual y poeta disertó varias conferencias en muchos centros escolares, hizo composiciones en prosa, tradujo muchas obras extranjeras y compuso cerca de 64 poemas, entre los que destacan, “Al Papaloapan”, “Recuerdo”, “Morena”, “Requinto”, etc.

Al irse de este mundo, el 27 de septiembre de 1984, dejó esta interrogante: ¿Cuál sería su definición de la esencia poética? Acaso fuera la suma de los tres heroísmos diazmironianos: pensamiento, sentimiento y expresión, o la becqueriana tan sencilla como profunda; o acaso la que nos regaló el venerable viejecito León Felipe: “Deshaced ese verso/ quitadle los caireles de la rima,/ el ritmo, la cadencia/ y hasta la idea misma,/ Aventad las palabras,/ y si después queda algo todavía,/ eso, será la poesía.

Al cerrarse el ciclo de la vida física de don Francisco Aguirre, se arraigó en la memoria de quienes lo conocieron y conozcan a través de sus obras, con las que logró hacerse un lugar permanente en la historia de la cultura veracruzana.

 

Tres versos de su poesía Morena:

 

“Morena, morena,

este día he brindado por ti…

¡Me da tanta pena,

me da tanta pena, morena,

pensar que te olvidas de mí!…

 

Hace muchos días,

hace muchos meses,

que bebo queriendo olvidar…

pero no es voluntad del destino,

y a pesar del ajenjo y el vino,

te recuerdo más…

 

Morena, morena,

este día he brindado por ti;

y te canto, Morena,

a pesar de llevar en el alma la pena

¡De saber que te olvidas de mí!…

 

rresumen@hotmail.com

 

 

 

 

 

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