Garantía o impunidad


por Celia Rosado Romero

Por Celia Rosado Romero, egresada de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Revivir el tema del fuero es imperativo. Entre ser una garantía o una impunidad, la sociedad visualiza “el fuero”. Prerrogativa establecida en el párrafo Quinto del Artículo 111 Constitucional, a los servidores públicos para no ser procesados judicialmente durante su periodo, en el momento que se les detecta un delito. Enfoque utilizado por los funcionarios para evadir la justicia; en contraparte de su significación verdadera: figura de inviolabilidad contra la posibilidad de proteger a diputados y senadores por expresar ideas y críticas impidiendo la gobernabilidad en favor de la ciudadanía.
La discusión de esta denominada, desde su concepto coloquial de impunidad parlamentaria, se convirtió en figura de impunidad en nuestro sistema, esgrimido para protección de diputados, senadores, gobernadores, durante su periodo de encargo.
Más que un equilibrio de poderes, el fuero, propicia la corrupción al mudar en un privilegio mal utilizado, La historia de México, en el historial de sus regímenes han dado lecciones de ello, al señalarse arbitrariamente su interpretación.
Ejemplos recientes los tenemos en Veracruz en dos casos de diputadas, apoyadas para ser electas, con dos partidos políticos Morena y Partido de Acción nacional, refugiadas en este articulado para no afrontar, como cualquier ciudadano, a la Fiscalía General del Estado. Ambas en distinta acción, pero siempre bajo la protección del fuero.
Son requeridas por las autoridades judiciales. Una por la acción de recibir dinero en forma subversiva y poco clara, y la otra, por acusar a su dirigente en el recinto legislativo, de malversación de fondos. A lo que desde la visión de los veracruzanos, debían ser desaforadas para demostrar que los representantes de legislar son personas con honorabilidad y sin temor a una exhibición pública de sus acciones.
Sin pretender satanizar a los legisladores locales, basta leer la información nacional para corroborar que en todos las entidades federativas se rebelan las redes de corrupción involucrando no sólo diputados sino funcionarios, de todos los organismos partidistas, el más reciente publicado es en San Luis Potosí.
Desafortunadamente, para desaforar la legislación obliga a una mayoría absoluta. El proceso para llevar a cabo eliminar a las legisladoras de su fuero, hace necesario que todos los integrantes de la Cámara de Diputados estén de acuerdo, lo que pone en entredicho la efectividad, además, de llevar al seno de la discusión los intereses de los organismos partidistas que la integran. Politizándose y agotando el tema con un enfoque del olvido. Por ello, el coloquial refrán “no pasa nada”
El tema de los asuntos públicos en el combate frontal a la corrupción e impunidad, cada día enfrenta el juicio de todos los mexicanos, y desde luego de los veracruzanos con todo los acontecimientos políticos que día a día se viralizan, gracias a las redes sociales y al espionaje telefónico, llevando a la opinión pública las entrañas obscuras, incrustadas en los partidos políticos.
Las interrogantes ¿cómo recuperar la credibilidad en las autoridades o en los partidos políticos? ¿por qué es el abstencionismo? ¿una minoría es la que nos gobierna? ¿es cierto que tenemos una democracia minoritaria? La respuesta es a través de trasparentar su tarea, lo que el fuero poco ayuda y mucho estorba dirían un personaje político.
Se hace urgente recordad a los representantes populares que el fuero es una herramienta a recurrir en cumplimiento de sus funciones, no para evadirlas.
Desde tiempo atrás, el tema es recurrente y hoy se hace imperioso tomar acción. En la terminología de fuero involucra como implícito el vocablo honor y no sólo privilegio. He aquí una historia que el maestro Rigoberto Silva refiere, retomada de otro documento que narra Armando Fuentes Aguirre sobre el origen del fuero, publicado en el 2016, y que me fue enviado a mi celular.
Ejemplifica lo que se han olvidado las autoridades.
En el año de 1892 murió don Carlos Fuero. Merece narrarlo.
A la caída de Querétaro quedó prisionero de los Juaristas el General don Severo del Castillo, Jefe del Estado Mayor de Maximiliano. Fue condenado a muerte, y su custodia se encomendó al Coronel Carlos Fuero. A dos días de la ejecución dormía el Coronel cuando su asistente lo despertó. El General Del Castillo, le dijo, deseaba hablar con él. Se vistió de prisa Fuero y acudió de inmediato a la celda del condenado a muerte. No olvidaba que don Severo había sido amigo de su padre.
Carlos ̶ le dijo el General ̶ perdona que te haya hecho despertar. Como tú sabes me quedan unas cuantas horas de vida, y necesito que me hagas un favor. Quiero confesarme y hacer mi testamento. Por favor manda llamar al padre Montes y al licenciado José María Vázquez. Mi General ̶ respondió Fuero ̶ no creo que sea necesario que vengan esos señores.
¿Cómo? ̶ se irritó el General Del Castillo ̶ . Deseo arreglar las cosas de mi alma y de mi familia, ¿y me dices que no es necesario que vengan el sacerdote y el notario?
En efecto, mi General – repitió el Coronel republicano ̶ No hay necesidad de mandarlos llamar. Usted irá personalmente a arreglar sus asuntos y yo me quedaré en su lugar hasta que usted regrese.
Don Severo se quedó estupefacto. La muestra de confianza que le daba el joven Coronel era extraordinaria.
Pero, Carlos — le respondió emocionado—. ¿Qué garantía tienes de que regresaré para enfrentarme al pelotón de fusilamiento?
Su palabra de honor, mi General —contestó Fuero—.
Ya la tienes —dijo don Severo abrazando al joven Coronel—. Salieron los dos y dijo Fuero al encargado de la guardia. El señor General Del Castillo va a su casa a arreglar unos asuntos. Yo quedaré en su lugar como prisionero. Cuando él regrese me manda usted despertar.
A la mañana siguiente, cuando llegó al cuartel el superior de Fuero, General Sostenes Rocha, el encargado de la guardia le informó lo sucedido. Corriendo fue Rocha a la celda en donde estaba Fuero y lo encontró durmiendo tranquilamente. Lo despertó moviéndolo.
¿Qué hiciste Carlos?, ¿por qué dejaste ir al General?
Ya volverá —le contestó Fuero—. Si no, entonces me fusilas a mí y asunto arreglado. En ese preciso momento se escucharon pasos en la acera.
¿Quién vive? — gritó el centinela. ¡México! —respondió la vibrante voz del General Del Castillo—. Y un prisionero de guerra. Cumpliendo su palabra de honor volvía Don Severo para ser fusilado.
El final de esta historia es muy feliz. El General Del Castillo no fue pasado por las armas. Rocha le contó a don Mariano Escobedo lo que había pasado, y éste a don Benito Juárez. El Benemérito, conmovido por la magnanimidad de los dos militares, indultó al General y ordenó la suspensión de cualquier procedimiento contra Fuero.
El honor refiere a cumplir la palabra de los candidatos, empeñada y sostenida con honor, en las campañas de ser verdaderos defensores de aquellos que confiaron su voto.
Un “pequeño detalle” olvidado.

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