La desindustrialización en México


Por: Héctor Saldierna

Por Héctor Saldierna Martínez, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Uno de los fenómenos más relevantes que se viene generando desde 1980 es el relativo a la desindustrialización del país, toda vez que en esa época el 53 por ciento de los trabajadores estaban orientados hacia el área industrial, mientras que el sector de servicios era del 47 por ciento. Para el año 2017 esta situación llegó a situaciones extremas, puesto que la cifra se ha disminuido al 37 por ciento en la parte industrial, mientras que el sector de servicios ha crecido en un 62 por ciento.

Son varias las preguntas que podrían hacerse en torno a esta situación que vive México. Es verdad que los empleos en el sector industrial tienen la virtud de ser mejor pagados y demandan a personal calificado, técnicos e ingenieros.

En cambio, el sector terciario ha incrementado su presencia a través de los servicios, relacionados con el sector turístico, tiendas comerciales, actividades de comercialización.

El Ing. Rafael Domínguez Méndez, expresidente de la AMIME y analista de la situación nacional, ya fallecido, mencionaba que el sector industrial representaba el empleo sustantivo, al generar bienes de capital, fabricar manufacturas y lograr un valor agregado, como lo consignaba en el libro “Con la Luna de Plata, 20 Experiencias profesionales de Ingeniería”.

En cambio, mencionaba, los empleos en el sector comercial son adjetivos, derivados  de una manufactura, de una fabricación. Es evidente que los empleos en el sector industrial representan una mejor forma de vida, mejores salarios, mayores prestaciones y gratificaciones. No así, a diferencia, en lo que se vive en el sector comercial y de servicios, cuyos sueldos son precarios.

Esta problemática empezó a generarse en México durante la década de los ochenta coincidente con el gobierno de Miguel de la Madrid y como parte de una estrategia del gobierno mexicano de iniciar la desindustrialización del país, con sus nefastas consecuencias hacia el sector trabajador y hacia el progreso del país.

Habría que entender este tipo de decisiones de un gobierno que empezó a plegarse a las recomendaciones de organismos internacionales, como el caso de la OCDE, que aconsejaban otro tipo de acciones, sin que necesariamente fuera en beneficio de la sociedad mexicana.

Uno de los casos más emblemáticos de esta política fue el de los Astilleros Unidos de Veracruz que, no obstante que ya se construían buques de 44 mil toneladas de peso muerto, se interrumpió todo un proceso que tenía como meta la de proveer de buquetanques a Petróleos Mexicanos.

Esto constituía también la generación de miles de fuentes de empleo, con el consiguiente número de fuentes de trabajo  indirectos a través de una industria satélite que ofrecía una gama de proveeduría.

Independientemente de la causa específica que haya ocasionado la cancelación de tan importante proyecto, la realidad es que el gobierno en turno de Carlos Salinas empezó a derrumbar todo un proyecto de construcción y reparación de buques en la costa del Golfo de México, manejada precisamente por intereses inconfesables y que han sido el flagelo para el país desde aquella época.

Las cifras citadas al inicio del presente escrito esbozan el destino de nuestro país en el caso que sigan con las mismas malas fórmulas del libre comercio y del neoliberalismo que sólo ha ocasionado que prosiga la precarización de la sociedad mexicana.

En la medida que un país continúe en la subordinación, sin advertir que podemos ser nosotros los dueños de nuestro propio destino, entonces corremos el riesgo de continuar hacia un abismo sin fondo, sin futuro para las nuevas generaciones de mexicanos.

A este país le faltan líderes y su ausencia ha provocado que se estén adoptando decisiones que provienen desde el exterior, hipotecando nuestro futuro. Mucha razón tenía Platón cuando afirmaba que en la medida que el pueblo no se interese por la política, seguirán gobernando los peores hombres. Hoy, en México, vivimos esa triste realidad que es urgente cambiar ya.

Y hasta la próxima.

 

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