JOVENES SIN OPORTUNIDADES


Por Raúl González Rivera
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JOVENES SIN
OPORTUNIDADES

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Hace dos semanas, Sandro Gómez parecía haber iniciado la rebelión de los jóvenes que militan, simpatizan o la hacen de orejas del viejo régimen a través del PRI, con el objetivo de que los dinosaurios del viejo partido tricolor los vean y tomen en cuenta en las próximas contiendas electorales, porque también se dicen merecedores de las chambas políticas.
A la manera de la frase que quedara acuñada sobre tierras veracruzanas, de “Yo merezco la abundancia”, igual los jóvenes que han servido de carga-maletas, correos con los fajos de billetes para ser entregados a terceras personas en campaña, de orejas, de sparrings ante el enojo de candidatos en campaña y de soplones en las giras por el interior del estado, consideran que llegó el momento de exigir para ellos también cargos públicos.
Sólo que quizá llegaron demasiado tarde. El reparto lo acaban de hacer socios albiazules y perredistas. Luego entonces, deberán esperar a próximas jornadas político-electorales. Esta es una de las verdades que más han calado en los cimientos mismos del ex partido aplanadora, pues sus muchachos, ávidos de poder, como lo sería en el pasado sexenio, pero cuyas ganancias inmensamente ricas fueron para un selecto grupo de amigos y socios que no hicieron ninguna talacha ni fueron morralla, simplemente “jalaron palante” y se hicieron ricos.
Sin embargo, haciendo un recuento, Renato Alarcón y los dinosaurios que ahora amenazan con volver a la escena pública con un priismo a base de viejos dirigentes, pero que descansarán en mucho en el trabajo que deberán llevar a cabo los muchachos, ávidos como se ve de chambas políticas, los cuales forman parte de esta nueva camada que ha dedicado cuando menos diez años de andar a su caza, al lado de Sandro Gómez, pero como dijera en una declaración a chicos de la prensa Francisco Berlín Valenzuela, quieren ser políticos, pero no se preparan, no estudian, y la política requiere de hombres y mujeres bien formados cultural e intelectualmente.
En efecto, el político chicharronero, gritón, mal encarado de un pasado, con inmenso poderío con sólo militar en las filas del régimen unipartidista, era suficiente. Los tiempos han cambiado y las exigencias sociales necesariamente son otras.
Para nadie escapa que los viejos dinosáuricos que se proponen volver por sus fueros y sacar fuerzas de su pasado, para enfrentar los retos que impondrá la política en este país, necesitarán de nueva cuenta de la morralla que conforman los jóvenes a la hora buena de promover el voto, ganarse la confianza de los electores y adentrarse en el conocimiento de la situación real de la entidad y el país.
En este contexto es como se está dando la rebelión de los muchachos que se dicen ofendidos, inclusive por su propio partido, pero cabría preguntar, igualmente, cuál es su formación, su discurso en qué se sustenta, acaso dominan la historia, la dialéctica, y están convencidos de la miseria que acompaña a todo un pueblo, el cual espera de sus políticos no que realicen tareas de super héroes, pero sí, definitivamente, de que sean entes comprometidos con la sociedad y las crisis que tanto le agobian. Al tiempo.

* SE IGNORA CUÁLES SON LOS
BENEFICIOS DE LA RECONSTRUCCIÓN

A ciencia cierta, ninguna autoridad ha mostrado, exhibido o presentado en qué consiste el programa de reconstrucción del casco histórico y particularmente de la calle de Enríquez, porque si van a ampliarse las banquetas y cerrarse los arroyos de la circulación vehicular, por el hecho de que miles caminan por el corazón de la ciudad, igual llevaría a preguntar por qué tanta gente en horas hábiles está dedicada a caminar y no trabajar.
Hay un doble filo en un proyecto que nadie conoce o que por lo menos la ciudadanía ignora en qué consistirá. Porque al momento se hacen más angostos los espacios para el tránsito de vehículos automotores y se amplían las banquetas, bajo el prurito de que primero es el peatón.
Sin embargo, cabría preguntar qué hace tanta gente caminando por las calles principales, sobre todo en una ciudad sin industrias, porque sus principales giros son el estudiantil, el burocrático y por supuesto el de los comerciantes informales. Más aun, porque los vendedores de baratijas y productos básicos que militan en la organización VIVE aseguran que a ellos no les permiten cruzar la Calle Real, ahora de Enríquez.
Recientemente, un doctor en derecho, venido de Madrid, España, donde se desempeña como docente en la Universidad Complutense atendiendo el rubro de cursos de posgrado, y que vino por vez primera a Xalapa en un día sin celebrarse ninguna protesta ni mitin condenando a ninguna autoridad pública, cuestionaba con visible azoro, de qué se trataba, porque veía ríos de gente bajando por la calle de Doctor Lucio y en ese ritmo continuaba por la principal calle de la capital del estado de Veracruz.
Empero, cuando le fue dicho que no había tal movilización social y que la costumbre hacía que dicho remolino humano mantuviera su presencia caminando prácticamente las 12 horas del día de manera ininterrumpida, soportando sin duda los claxonazos y ruidos de los motores que irradian los autobuses urbanos y las chimeneas en que se encuentran convertidos los tubos de escape de miles de unidades vehiculares, fenómeno que no ven los centros de verificación vehicular, ah, pero cómo cobran, fenómeno cotidiano de todas las semanas y meses del año, sin que nadie pueda explicarlo, el especialista en materia de derecho mostraría un gesto de sorpresa inaudito.
No puede ser –entonces cuestionaría enseguida–, la gente qué hace, trabaja, estudia, porque esto que veo y me dicen no ocurre en países europeos en horario de trabajo diario.
El parque luce con una gran concentración humana, cómo es posible, si estos espacios están destinados para la recreación familiar los fines de semana y específicamente los domingos. Confiaría asimismo el doctor, quien pediría que no se difundiera su nombre tampoco, porque sabía bien que una opinión suya en este sentido bien podría costarle alguna reprimenda de corte diplomático, por estar en Xalapa como docente en la universidad pública.
Empero, el suceso visto con sus ojos, a las 12:00 horas del día martes, le habría provocado una enorme interrogante finalmente, cuando interroga en voz alta: ¿entonces, toda esta gente de qué vive, son todos ricos, porque me parece que las calles tendrían que exhibirse totalmente vacías?, como en España, Alemania o Francia, confiaría citando lo dicho antes.

* OREJAS COMO PERIODISTAS,
DESDE SIEMPRE EN ESTE PAÍS

Un día de gira con el gobernador Rafael Murillo Vidal por la zona costera de la entidad veracruzana y tras de exhaustivo recorrido precisamente por la zona de Ciudad Cardel, como corolario los vecinos del lugar ofrecerían una comida a base de mariscos y pescados al mandatario y su comitiva, por cierto muy reducida, y tres guardias de seguridad, además de los tres reporteros que cubrían la visita en cuestión, enviados por medios de esta capital.
Cuando el gobernador se disponía a degustar un exquisito caldo largo de pescado, como podía apreciarse a la vista, el mesero que se lo servía, regordete, bigote a semejanza del centauro del norte Pancho Villa, le dice como un susurro al oído: “si le gusta me lo dice, señor”, a lo que Murillo Vidal, franca sonrisa y ceño fruncido, le respondería: “no se preocupe, se ve rica, muchas gracias”.
Pasaron al segundo tiempo y el mismo mesero volvería a servir a Murillo Vidal, cuya escena presenciaba el doctor Pedro Coronel Pérez y el celoso guardia personal del gobernador, el capitán Carlos Ruiz.
Así transcurrió la comida en un día previo a los días invernales del mes de diciembre. El gobernador, voz pausada, dio las gracias por la recepción y particularmente expresó su reconocimiento al solícito mesero, para quien tuvo un palmadita por la espalda, estrechara su diestra y comenzara a caminar con rumbo a su automóvil, no sin antes pedirle el mesero que lo escuchara un momento y le soltara: “mire usted, aquí soy mesero, pero también soy periodista, estoy para servirle”, sacando de entre sus ropas un pasquín, el cual entregó en propia mano al mandatario, quien por cierto más apuró su paso hacia el vehículo que lo regresaría a Xalapa.
Obviamente, el incidente levantaría una ola de comentarios de entre sus escuchas, pero también de sorpresa, pues no faltó quien dijera que el mesero-periodista había monitoreado al gobernador para quién sabe quién, porque su insistencia fue tal, que no pasó desapercibida.
Y así ha sido en el correr del tiempo, advenedizos han podido involucrarse en una tarea-oficio que no los merece.
Si bien es cierto que Veracruz fue pionero con la generación de profesionales del periodismo, con la apertura de sus aulas universitarias, no es menos verdadero que mientras la profesionalización de un ejercicio, que lo exige como tal no llegue, a efecto de que sea coadyuvante en la formación de una opinión pública confiable y verídica, el campo de la comunicación seguirá confrontando la práctica por ajenos al oficio, adversarios de su profesionalización y que en cambio incurran en la desinformación y la difusión sin ninguna ética a la manera de como se realizan otros profesionales, por caso en el campo de la medicina o el derecho. Hasta entonces.

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