* CUATRO MAESTROS, ATRACADOS POR TAXISTAS


Por Raúl González Rivera
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SIN PROYECTO, LA IZQUIERDA
PODRÍA DESAPARECER A PEDAZOS

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Sin un proyecto concreto, las izquierdas podrían estarse jugando las últimas cartas para apersonarse en el trabajo político como sus capitanes.
Las alianzas o un frente común, como dice Rafael Moreno Valle, no garantizan precisamente que un abanderado suyo vaya a conquistar las urnas electorales en una justa como la que se avecina del 2018.
Y es que aunque no lo quieren decir, las izquierdas que dicen operar dentro de las trincheras del Partido de la Revolución Democrática, poco tiempo de vida les queda si se equivocan con rumbo a la elección presidencial que viene.
El país ya no está para calentar más los bollos. La creciente de problemas que tienen relación directa con la violencia, la inseguridad y el desplome de la credibilidad en los hombres que representan a las instituciones públicas, es inaudita. Y por ende, la desconfianza pública igual va en objetivo crecimiento.
El ideal tendría que ser sencillo, en el sentido de que los partidos que conforman una supuesta ideología de izquierda fueran juntos en una aventura que enfrentaría a la derecha y a la ultraderecha.
El frente amplio a que convocan Ricardo Anaya y Alejandra Barrales, bien podría funcionar como bumerang, no constituye ninguna garantía para sospechar siquiera que el triunfo electoral sobrevendrá conforme a la hora de su fundición ambas corrientes, las cuales, igualmente, no podrán engañar al electorado fácilmente, porque las mayorías están ciertas de que azules y amarillos definitivamente carecen de los elementos para fundirse en una sola mezcla y que sea compatible.
Ahora bien, si el sistema de partidos políticos, a diferencia de los estados desarrollados de Europa Occidental y los mismos Estados Unidos de Norteamérica, adolece de sustento ideológico o por lo menos así lo dejan entrever sus principales grupos de poder y mandos, el electorado se los demostrará asistiendo con su voto a la jornada de 2018, pero haciendo a un lado el bipartidismo a todas luces bajo la sospecha de que su pretensión es alcanzar el poder por el poder, no más.
En un país donde los ideales constituyeran los soportes de instituciones partidarias consolidadas, porque la gente les ha brindado su confianza y apoyos, tendría que ver que el viejo régimen prácticamente tendría que ir solo y si acaso contaría con su palero de siempre, el Partido Verde Ecologista de México.
La derecha representada por el PAN, con alguno de los satélites que nada tendría que ver con las izquierdas apoyadas con Morena, PRD, PT, Movimiento Ciudadano, quienes si se unen y aciertan a contender en comicios presidenciales, sobre todo, bien contarían con la simpatía y los apoyos de mayorías aplastantes, seguramente.
Empero, conforme a los pedidos de amos, líderes y dueños de las siglas partidarias existentes, los frentes, alianzas y demás fundiciones amorosas partidariamente, como lo asegura el ex gobernador poblano Rafael Moreno Valle, en ningún momento garantizan que al abanderado que vayan a ofertar como su candidato, goce de las condiciones para ganar y obtener el triunfo electoral en las ánforas correspondientes.
El juego a que está siendo sometido el proceso que viene, llama poderosamente la atención a los grupos de poder y los tantos buscachambas políticas, pero en el grueso de la sociedad azteca no deja de registrarse también un rasgo de confusión, porque descubre, gracias a que no es ninguna enana mental ni tampoco tarada, que el sistema de partidos políticos en México, igual, incurre en ser una simple caja registradora de fondos públicos y la socorrida agencia de colocaciones políticas, sin par.

* CUATRO MAESTROS,
ATRACADOS POR TAXISTAS

El servicio del taxi no sólo confronta la extraordinaria cantidad de automóviles con placas y sin ellas que se constituyen en el medio de transporte más socorrido después de los autobuses urbanos, pero ahora cuestionados severamente por sus pésimas condiciones para atender a su amplia clientela y los riesgos que a manos de algunos pilluelos que operan en sus filas, corren quienes hacen uso de sus unidades.
El taxi –a decir de los propios líderes de estos servidores públicos– enfrenta a una ola de cuando menos 200 conductores o maleantes que aprovechan la inocencia de sus clientes para poder atracarlos, robarles sus pertenencias personales, o bien además de golpearlos y hasta intentar asesinarlos.
Esto último lo aseguran sus representantes gremiales, no la autoridad vial y menos la responsable de vigilar la seguridad pública.
La semana que corre registró a una víctima más, un docente que alquiló los servicios de un taxi para que lo llevara a su residencia particular, pero en el camino el chofer cambió la ruta, lo atacó, aplicó alguna droga, perdió el conocimiento y se reencontró cuando se vio acostado en un camastro de la Cruz Roja, la cual lo habría levantado en una de las tenebrosas calles en terrenos colindantes entre Xalapa y Banderilla.
Por fortuna no fue asesinado, pero los casos se multiplican. En ninguno de los costados de la ciudad nadie está tranquilo ni confiado.
Las familias que solían reunirse para socializar entre semana con sus amistades y demás familiares, ya no lo hacen.
Se resguardan a temprana hora y asumen numerosas medidas para preservarse de los ataques pandilleriles, los robos a casas habitación que están a la orden del día y sobre la arteria pública, el grueso de la sociedad avista con bastante atención su entorno a los cuatro costados, virtud a la constante de los asaltos que encabezan jovencitos menores de l8 años, tan sólo para quitarle a quien se encuentre a su paso, el teléfono celular, la cartera, una chamarra o hasta los zapatos que calza.
La ciudad ha entrado en una peligrosa fase en donde sus pobladores, quienes desde hace mucho tiempo perdieron la alegría de caminar por sus calles, de acudir al parque público y recrearse con la música, el folclore propio de la misma y representado por los grupos artísticos que gustaban de concentrarse en los pasillos del recinto público.
Penosa situación que jamás habría imaginado siquiera la otrora ciudad de las flores que fuera a experimentar, sobre todo porque los políticos paralelamente le endosan los adjetivos de ser una capital cálida, la cual irradia cultura, educación y las llamadas buenas costumbres.

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