EX PRESIDENTES, SI CALLAN HARÍAN MENOS DAÑO AL PAIS


Por Raúl González Rivera
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EX PRESIDENTES, SI CALLAN
HARÍAN MENOS DAÑO AL PAIS

Por Raul González Rivera, egresado de la Facultad de Ciencias y Técnicas de la Comunicación de la Universidad Veracruzana

Cada que Vicente Fox abre la boca para decir sandeces, el grueso de la población azteca se pregunta: ¿y por qué no lo hizo en su sexenio?
El panismo perdió la oportunidad de oro para cambiar el sistema, no lo hizo Vicente Fox y con su sucesor Felipe Calderón, lamentablemente, en detrimento de la gran sociedad azteca, con su guerra declarada a la delincuencia organizada volvió una carnicería el territorio nacional.
Cuando ambos personajes expresan alguna opinión acerca de cómo debe ser el futuro del país, honor a la verdad, se asemejan en mucho a los dictadorzuelos de la región latinoamericana, a ser seres pensantes, reflexivos, demócratas –como se autocalifica Fox–.
Tuvieron su tiempo. Seis años es mucho para demostrar de lo que son capaces. Corresponden a otro partido y si la plataforma en que se sostienen es su ideología, seguramente debieron haber transformado a las instituciones de gobierno, no lo hicieron, se fueron sin mayor pena ni gloria, son ricos, cuentan con negocios particulares, su tiempo se fue, no fueron capaces de cambiar al viejo régimen, entonces qué se proponen cuando vuelven a la carga, si en su momento no produjeron los cambios que ahora con sus peroratas hacen los pronósticos de lo que debe ocurrir en los días por venir.
En cualquier parte del mundo europeo de occidente, los ex mandatarios, eso son. Al ostracismo, al desempeño de actividades académico-intelectuales, pero nada que tenga que ver con marcar el paso –bajo su presunta mira– para modificar, alentar o alertar sobre lo que hacen los gobernantes de turno.
En este contexto, los socios priistas merecen una distinción.
Golpeado, apabullado por la crítica de los mexicanos, Luis Echeverría Álvarez optó por convertir su residencia de San Jerónimo en su reclusorio privado desde siempre. Se cuida hasta de que lo puedan escuchar con su respiración y, seguramente, en su retiro ha podido reflexionar sobre la masacre en que se vio involucrado en 68 y 71. La conciencia, seguramente, lo ha sancionado una y otra vez.
Carlos Salinas de Gortari tiene salidas estelares, no atosiga, no afecta más a la sociedad azteca, que a diferencia de la estadounidense, que a sus ex presidentes los emplea en misiones diplomáticas y de negocios, jamás los acusa de enriquecimiento ilícito y menos de intervenir en la conducción de su país, en el momento del retiro.
Y por supuesto, el menos recordado con gestos de condena y dolor entre los mexicanos, el ex presidente Ernesto Zedillo Ponce de León, quien una vez concluida su gestión de gobierno viajó a los Estados Unidos de Norteamérica en donde imparte clases y asesora a cuando menos cuatro consorcios de corte mundial en el escenario de los negocios, desde entonces.
Inclusive, cuando hubo que defenderse de la acusación que lo implicó en la matanza de los 45 indígenas de Acteal, el personaje hubo que responder a tribunales nacionales y de corte internacional, para cerrar finalmente con la exoneración en su caso de haber ordenado como presidente el asesinato de los sin nada, que habrían de iniciar una travesía a pie desde Chiapas a la ciudad de México, para en su arribo elevar su protesta contra las masacres que instruían hombres públicos en contra de la raza originaria.
Harían más, si los ex presidentes no quieren ser recordados por lo que no hicieron en sus mandatos constitucionales, que ahora millonarios, a toda costa tratan de generar una corriente de opinión que en la gente, obviamente, ninguna emoción provocan. Por favor.

* ENTRE MÁS ACOSA TRUMP, MÁS
REMESAS LLEGAN A MÉXICO

Entre más acosa el presidente Donald Trump con la construcción del muro, los mexicanos del otro lado del río Bravo más abultadas remesas envían a suelo azteca, lo que convierte a dicha divisa como la más sólida entrada que tienen los mexicanos, por encima del petróleo y los dividendos que arroja la industria turística.
En el último encuentro ocurrido en Alemania, con motivo del encuentro de los poderosos países del G-20, a pregunta de los periodistas, el mandatario yanqui acotó que el muro lo pagarán los mexicanos, expresión que todos escucharon con excepción del secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, quien dijo no haber escuchado esa manifestación del Tío Sam.
Necesariamente se ha creído que con la ola de ofensas y expresiones fuera del tono que en otros tiempos habría sido imposible, viniendo del mandatario más poderoso del mundo, igual las remesas se han multiplicado copiosamente, al grado de que el país depende más de ellas que de los excedentes del oro negro y de los turistas procedentes de otras partes del globo terráqueo.
Nomás en lo que va de estos últimos siete meses, el país ha podido recibir once mil 500 millones de dólares, que han enviado los connacionales que allá en ciudades y campos agrícolas trabajan todavía, es decir, una suma semejante a la que México recibió durante todo el sexenio en que gobernó, por ejemplo, el presidente Carlos Salinas de Gortari.
Es decir, constituye tal envío de remesas una osadía o un récord que los economistas de alguna forma justifican diciendo que ahora en la Unión Americana hay más de 20 millones de mexicanos viviendo, legal o ilegalmente. Y en aquel entonces, apenas dicha cifra alcanzaba los seis millones de compatriotas que en el ayer, como ahora, huyeron de su país por hambre, violencia e inseguridad y que en la tierra del Tío Sam consiguieron las condiciones para disfrutar de las comodidades y empleo que aquí jamás habrían obtenido.
Poco ha podido hacer el régimen para promover la defensa de los connacionales, agobiados ahora por la persecución policiaca, la detención en exabrupto y la deportación sin seguir ningún protocolo, que están haciendo las distintas policías gringas en contra de compatriotas que han salvado en mucho al país de la debacle económica, pero que ahora es amagado por el magnate Trump con construir a cuenta de los mexicanos un muro, como lo ha referido multitud de ocasiones pero que la cancillería azteca soslaya diciendo olímpicamente que esto no va a suceder. Esperemos.

* A LOS RUIDOS Y TÓXICOS, EL
ULULAR DE PATRULLAS NO CESA

Apenas empieza el día y la constante en el ulular de las sirenas que portan patrullas policiacas y las ambulancias de las distintas cruces roja, verde o la del color que usted quiera y mande, rompen con la mañana cálida y fresca a la vez de estos días, después de tener días completos con la lluvia abatiéndose en nuestras localidades.
El mensaje que lanzan las sirenas hace tiempo que se viene escuchando, sin que el resto de la población a ciencia cierta acepte que se debe a que sus operarios corren en auxilio de un ahogado, un herido o el enfermo que requiere de ser trasladado a una institución hospitalaria.
Las patrullas policiacas corren a velocidad del viento, alertan a que el resto de automovilistas se haga a un costado, siendo que las calles de Xalapa no lo permiten. Pero sus conductores insisten ferozmente, lanzan gritos de “¡apártese, es una emergencia!”. Y a duras penas lo consiguen, pues el grueso de automovilistas carece de los espacios para quitarse o apresurar la velocidad, pasarse la luz roja del único semáforo existente en la ciudad y exponerse a que el guardián de la policía vial lo muerda.
El ruido que generan las sirenas de las patrullas de policía y los cuerpos de camilleros de la Cruz Roja y el resto que dicen vivir de la caridad pública, es ensordecedor, molesto e irrita al más templado. Empero, la población ignora si efectivamente los patrulleros del orden público y los camilleros de las distintas cruces están en servicio o simplemente lo hacen para intimidar el sentir de una sociedad azorada con tantos ruidos, tóxicos, humos y la contaminación que llena los pulmones, los ojos, los oídos con miles de partículas que intoxican y enferman al común.
Pero este es un fenómeno que se repite las doce horas del día, en que la gente sale a trabajar, a vagar o simplemente para cerciorarse que su ciudad se transformó radicalmente de haber sido limpia, tranquila, sin violencia ni agentes contaminantes, en el cochinero que ahora es y en el que la sociedad, igual, tiene mucho de responsabilidad, ante una autoridad que cada vez muestra más su incapacidad para resolver las tantas conjeturas que le imposibilitan para ofrecer la felicidad que debiera ocurrir como fin de los gobiernos en cualquiera de sus jerarquías burocráticas y políticas.
La ciudad huele a mugre y luce deplorable por sus cuatro costados por tanta basura acumulada en sus cuatro rincones, discretos o en abierto, como viene sucediendo, así que para su combate faltan camiones, más trabajadores y la constancia de la autoridad para ver por un renglón, quizá el que más compromiso está urgiendo aquí y en todo el país, pero que lamentablemente para el político no lo hace lucir en su discurso, mucho menos de quien busca sólo el culto a la personalidad.
Y si a esto le añade usted el ruido insoportable de las sirenas abiertas a todo lo que dan de patrullas y ambulancias, el escenario asoma en terrenos de lo patético. ¿No lo cree usted así?

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